La autoenmienda, menudo invento

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Treinta meses, treinta. Y seguimos como el primer día. Xulio Ferreiro aún no se ha dado cuenta de que su minoría es absoluta, como absoluto es el ridículo al que nos va poco a poco acostumbrando.  De bandazo en bandazo hasta el batacazo final, deambula por la obstinación mientras el carácter se le avinagra a borbotones.
A estas alturas ya no vale la pena seguir consumiendo energías en recomendarle que se corrija. Hubo un tiempo que en la rectificación residía una de sus contadas virtudes. Ya no. Entre performances, modificativos y ensayos sobre el absurdo –el documento de enmiendas a los presupuestos de la Xunta destila fragancias de la generación del 98– va derrochado el tiempo como si le sobrase. Como si, efectivamente, no hubiese un mañana. 
A fin de cuentas, habitar al otro lado de la realidad tiene sus ventajas. Debe molar eso de vivir sin prisas, impasible a su fecha de caducidad e incapaz siquiera de gestionar el dinero que recauda del bolsillo de todos los coruñeses. Se equivocan quienes le acusan de mala gestión. Lo suyo es no gestión, “ingestión”, indigestión. Es, digámoslo así, un alcalde indigesto para una ciudad que le viene grande.
Aunque usted no lo crea, señor alcalde, en el PP seguimos guardando esa silla en la que prometió sentarse a negociar con nosotros. Seguimos –llámenos ilusos– pendientes de que nos llegue el primer papel de los Presupuestos de 2018. Seguimos contemplando atónitos el alto precio que aún abona por arrojarse a los brazos del PSOE en una loca noche de mayo. Y no aprende.
De los creadores de la posverdad, de los productores del municipalismo rebelde, llega ahora a nuestras pantallas la autoenmienda. ¡Menudo papelón, oiga! La Marea se supera a sí misma y va al más difícil todavía. Asombroso. No conforme con el triple mortal con tirabuzón de pedir por escrito celeridad para el centro de salud de Santa Lucía y para la Intermodal –ole, ole y ole– va e intenta colarnos por la vía rápida el décimo tercer gol por la escuadra en seis meses a golpe de modificativo.   
Por una vez háganos caso, aunque solo sea por vivir la experiencia. Pruébese la camisa de la humildad y la corbata del diálogo. Igual se mira al espejo y hasta se gusta. Sin prejuicios. Dedicándole algo de esfuerzo y un poco de tiempo a pensar en los coruñeses. Amóldese a la partitura que le entregaron sus vecinos. 
Márquese el desafío de gobernar en minoría, remánguese y póngase a trabajar. Si nos busca en ese camino, en el del sentidiño, nos encontrará. Y antes de lo que piensa. Queda usted formalmente invitado.

La autoenmienda, menudo invento