UN CONCIERTO SENSACIONAL

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De antemano uno tenía la sensación de que el concierto de Patti Austin –actuación exclusiva para España– en el Palacio de la Ópera, con el que se despedía el Ciclo de Jazz de la Barrié en A Coruña, iba a ser una delicia, aunque había cierta “desazón” por la coincidencia horaria con el partido de fútbol Barcelona-Madrid. Ganó el Madrid y ganó el jazz, ya que se cubrió el 94 por ciento del aforo, según entradas cortadas en la puerta.

Patti Austin Está en plena forma. Lo demostró con una voz exuberante y suave, impecable, clara y potente

 

Tal vez por ese ambiente previo de la coincidencia, el trío estelar de músicos que abrieron el concierto –Olaf Polziehn, al piano, Christian Von Kaphengstn, contrabajo y Peter Lübke, en la batería, base rítmica de una de las mejores big-bands que tenemos en Europa, la WDR Big-Band de Alemania–, al ver el lleno, tuvieron un “subidón” y se propusieron transmitirlo al público desde el principio. Se notó que estaban a gusto y también Patti, quien, al empezar su exhibición vocal, con simpatía y talento interpretativo, se encargo de “llevarlo de calle” y se lo metió en el “bolsillo” a lo largo de todo el concierto con una entrega casi “mágica”.

Está en plena forma. Lo demostró con una voz exuberante y suave, impecable, clara, potente, con cuerpo, adornada de un swing embriagador, esparcido a lo largo de las canciones con aplomo, sin esfuerzo y regada con las pinceladas vocales de flexibilidad y fuerza, y el adorno de vertiginosos “scats”, repletos de colorido, que fue capaz de sugerir matices inspiradores de respeto y admiración. Cada nota, cada gesto fue elegante, de primera clase vocal.

Un placer escuchar clásicos de Ella y Gershwin. “A Tisket a Tasket”, “Mr. Paganini”, “Satin Doll” de Ellington, “But Not For Me”, “The Man I Love y “How High The Moon”, en la voz de Patti, que se los entregó al público, con pureza de tono, dicción impecable en el fraseo y la entonación, y una excelente capacidad de improvisación, sobre todo en su forma de cantar scat. Estuvo soberbia y fue premiada con continuos estallidos de aplausos. “¡Me dolían las manos de aplaudir!”, comentaba un asistente al final del concierto .Una noche de música verdaderamente grande.

UN CONCIERTO SENSACIONAL