CASUALIDAD Y DEMOCRACIA

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La democracia es un vasto sistema de pesos y contrapesos conducentes a un fin supremo, la convivencia. Razón íntima de su ser. No nace la convivencia de la casualidad, sino de esa gigantesca tarea de causalidades que es el sistema democrático. Allí donde no rige el azar ordena la razón. Resolviéndose está en la tenaz voluntad de ser el hombre protagonista de su destino tanto en lo individual como en lo colectivo. Expresión de lo uno que es vital para la conformación de lo otro. Es decir, a mayor calidad del individuo más perfecta será la realización de su proyecto en común.
La democracia es, por lo tanto, causal en la medida en la que nace del pensamiento y no del sentimiento. Es por ello que el mayor enemigo de la democracia es la reducción de esa idea en algo tan simple como creer que podemos manejar los hilos de la convivencia a nuestro antojo. Y lo que es más grave en atención a las apetencias y sentido oportunista de individuos o colectivos.
La secesión de un territorio no es una decisión que se pueda tomar dentro del sencillo mecanismo democrático de la participación. Porque el elemento a preservar es la convivencia que no es la parte sino el todo. Se impone, por ello, acogernos a los dictados de la razón y sopesar esa decisión a través de elementos reflexivos capaces de dar la respuesta adecuada a la magnitud de la decisión. Este elemental proceder es el camino y no la frívola fórmula, sea usted demócrata y permítame ser casual.

CASUALIDAD Y DEMOCRACIA