YO TE PERDONO, EMILIA

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Por agenda e higiene paso de Ana Rosa. Y que conste que le guardo cierta admiración desde la añorada Antena 3 Radio en la que compartía una deliciosa tertulia –en “Viva la Gente”– con el malogrado Santiago Amón (padre), con Carlos Pumares, Luis Ángel de la Viuda, Luis Carandell, Alfonso Ortuño...

Lo de aquella cadena se merece columna aparte. Prometo hacerlo, pero ya veremos cuándo. Aquellos pensadores evolucionaron y la tal Ana Rosa abandonó la alcoba de Garci. Ocupa ahora las mañanas en la tele más frívola.

Pues bien. Un amigo que vive esos mundos paralelos (todo junto, que ningún lelo se me ofenda) y que me mantiene informado de lo que por ahí va pasando, me enviaba el viernes este mensaje: “Robar ya sale gratis en España. Robas. Llamas al programa de Ana Rosa. Pides el indulto y listo”.

Me hablaba de Emilia Soria, una muchacha de pueblo que cierto día se encontró una tarjeta de crédito y se gastó 193 euros en comida y pañales para sus dos hijas. Por esas cegueras incomprensibles que tiene la Justicia, a Emilia le cayeron veintidós meses de prisión, una multa que ya tiene medio pagada y una ración de trabajos sociales que también ha ido cumpliendo. Estaba a punto de irse de cabeza a la cárcel.

Como los cuentacosas somos dados al dramatismo, no se le había escapado a nadie que su primer marido –va por el tercero– tenía una orden de alejamiento y que su capital procede de una pensión de maltratada de 426 euros. Por lo mismo, casi nadie se preguntaba por qué iba a la cárcel si la pena es inferior a dos años y un día ¿Antecedentes?

Da igual. Ya ha sido indultada. En primer lugar por Pilar, la aparejadora en paro que había perdido la billetera. “Yo te perdono, Emilia”, le espetó una vez recuperada del disgusto de tener que cancelar todo su dinero de plástico. El Consejo de Ministros también la ha absuelto. Me van a perdonar ustedes a mí: ¡Solo jodería!

Probablemente Emilia se equivoque dejándose embaucar por las aves rapaces de la meseta catódica. Pero no consta que sea duquesa de ninguna parte, ni tiene cuentas en Suiza. Nadie le pagaba los viajes y no hundió una caja de ahorros. No se gastaba lo que no tenía en trajes ni recibía regalos de la concesionaria de la ORA. Ni era una falsa escritora ni vendía preferentes. ¿Cárcel? ¿Por qué?

YO TE PERDONO, EMILIA