Empate asambleario

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La situación en Cataluña sigue complicándose cada día un poco más. El proceso que se ha seguido desde las pasadas elecciones autonómicas del 27 de septiembre ha ido agotando vías de entendimiento y ahora parece encallado en un punto del que será difícil sacarlo. Las elecciones en marzo, un horizonte que se veía como improbable y lejano, parecen cada vez más cercano ante la incapacidad de unos y otros de formar gobierno. El último acto de este esperpento en el que se ha convertido la actualidad política catalana ha sido la asamblea de la CUP que se celebró el pasado domingo.
El partido reunió a sus bases y les planteó cuatro posibles alternativas. En una tarde de votaciones se fueron descartando una tras otra, hasta llegar a un escenario en donde había que decidir si se apoyaba o no a Mas en la investidura para ser Presidente. Y el resultado, para asombro de propios y extraños, fue un empate. Ya es difícil, pero al final 1.515 han dicho que sí y 1.515 han dicho que no. Parece tan increíble que no pocos son los que apuntan a un posible pucherazo. Porque esta indecisión deja ahora la solución en manos del consejo político de la CUP que se celebrará este próximo sábado. Eso sí, antes habrá nuevas asambleas territoriales para seguir debatiendo el asunto. Mientras el ambiente se va crispando, entre acusaciones de unos y otros de traidores de la patria. La CUP es culpable de su falta de liderazgo, de no asumir decisiones en un momento tan complicado. Lo fácil es dejar que lo decidan entre todos. Aunque tras la enésima tentativa uno se pregunta a veces si el exceso democrático no será también un defecto. Pero Artur Mas también tiene lo suyo. El dirigente de CDC se ha enrocado en que quiere ser presidente y no asume ninguna otra alternativa. O conmigo o nada. Su victimización ya le está sirviendo para conseguir unos apoyos que en otra situación no lograría.
El caso es todo parece indicar que, o mucho cambian las cosas, o habrá que convocar nuevas elecciones. Y aquí es donde los partidos a nivel nacional deberían tomar buena nota. La situación que se avecina en España no es muy diferente a la catalana. Pasarnos varios meses discutiendo entre todos para al final acabar convocando nuevas elecciones ante la imposibilidad de llegar a un acuerdo solo demostraría que la política en nuestro país está en horas muy bajas.

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