EL OSO

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Los osos son unos animales muy simpáticos pero muy fieros, que se lo digan a Favila, el hijo del rey Pelayo de Oviedo, a quien lo mató uno de ellos. Andaba el hombre por las montañas de Asturias, que por entonces estaban plagadas de plantígrados, mientras que el resto de la Península había sido invadida por los moros, así que la cosa estaba cruda. En aquellos “rudos tiempos”, como dicen las crónicas, o cazabas osos o los osos te cazaban a ti, que es lo que le ocurrió al susodicho Favila. Supongo que sus sucesores en el trono de Asturias ya tendrían más cuidado, preferían irse a pelear con los musulmanes que cazar osos.
En alguna película vi a un oso atacar a un hombre hasta dejarlo medio muerto, lo que resultaba espeluznante, a pesar de ser ficción. Se comenta que los osos más peligrosos son los blancos, que viven en medio de los hielos polares, por eso deben estar muy enfadados, por suerte no lo he experimentado y solo los he visto en los documentales. Lo más cerca que estuve de un oso, osa en este caso, fue en el Campo de San Francisco de Oviedo, hace muchos años, en unas instalaciones y condiciones penosas, que por suerte ya han desaparecido. Más penoso todavía era ver algún que otro osezno atado por el cuello y haciendo el ganso en una comparsa callejera de gitanos rumanos.
Son como digo recuerdos de niñez, que tenía ya casi olvidados, solo los peluches de mis hijos y alguna que otra visita al zoo, me mantuvieron en contacto con estos representantes tan dignos de la fauna ibérica. En heráldica el oso significa fuerza para combatir y es uno de los símbolos más usados en los escudos nobiliarios. La película de Jean-Jacques Annaud, titulada “El oso” demuestra la nobleza de este animal, incluso por encima de la brutalidad humana. No resulta agradable ver sufrir a ningún ser vivo y menos a uno tan noble. 
Hace algún tiempo leí una novela titulada la fiesta del oso, un poco triste, en la que, si mal no recuerdo, un refugiado de la guerra civil española en el Pirineo francés, se veía obligado para sobrevivir a ser el divertimento de un pueblo del sur de Francia vestido de oso, sufriendo todo tipo de vejaciones. Peor todavía fue lo que le pasó, durante la famosa fiesta del orgullo gay, al oso madrileño de la Puerta del Sol. Apoyado en su madroño sufrió, lo que parecía por la foto publicada en internet, un intento de violación trasera por parte de uno de los participantes. Supongo que el intento fracasaría porque la figura agredida es de duro metal, pero la escena resultaba dantesca. Uno puede estar orgulloso de su condición, pero eso no justifica sus actos, el oso madrileño no se merece que le den por la espalda, lo que a lo mejor si fuera de verdad nadie se atrevería a darle.

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