Francisco Escudero con “Nosotros”

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La galería Monty4 ofrece la exposición “Nosotros. Soñando, viviendo...” de  Francisco Escudero (A Coruña 1958), un escultor que trae en sus genes toda la fuerza creativa de los maestros de la piedra: los arxinas, una de cuyas más ilustres ramas se asentó aquí, en  A Coruña. Haciendo honor a ello se ha prodigado en la confección de obra pública, habiendo realizado nada menos que 25 monumentos, entre otros a Porlier, a Castelao, a Breogán, a Xohan Vicente Viqueira, etc. 
Tanto diálogo con personajes del pasado y también con los “muertos” (hizo mucha escultura para iglesias y cementerios) le creó –según confiesa– la necesidad de “...retratar a los héroes cotidianos, los de andar por casa..., esos que cada día luchan por la vida y por sus sueños”. Y estos son los que figuran en Monty4 y ya no están tallados en piedra, sino en madera de pino, de ciprés, de nogal y de cedro rojo, materia más acorde con las calideces de la vida y con las marcas que van dejando las vivencias en los rostros y en los cuerpos; por ello, nada de pulido, sino talla pura y dura: planos rudos y netos cuando se trata de encajar las formas anatómicas, pero también delicados, cuidadosos, cuando quieren hacer hablar a los rostros para que revelen el carácter del modelo. 
Y luego, para que no se sientan distintos o se queden desangelados, llevan todos una suave pátina blanca, como si un delicado polvillo de mármol hubiese sido soplado sobre sus figuras para vestirlos de un algo limpio, inocente y purificador. Ellos han salido de la cotidianeidad, tienen nombres propios e indumentarias de nuestros días y hacen también lo que hacemos todos los días: portar la mochila del cole y mirar el móvil, como hace Beatriz; salir a jugar con el monopatín, como Mico; cargar con las bolsas del súper, como Carmen o simplemente conversar como hacen Julia y Ana. 
Por ahí se cuelan también algunas alas que quieren evadirse del marco que las encierra y otras que, en el vuelo, se han herido y quebrado; también están las que se sirven “en bandeja”, para degustadores de platos angélicos; es decir, para aquellos que, más que amar la nouvelle cuisine y sus exquisiteces, anhelan manjares anímicos. No falta el joven hipster, como Andrés, que desea una estética nueva y el tipo de hombre común o popular –si se quiere– como Abelardo, que viste como un obrero, con boina y zamarra. A todos los ha tallado a moto-sierra, hazaña digna de considerar, y se ha traído del taller sus útiles de trabajo para que veamos que se siente uno más del común: un obrero del arte.

Francisco Escudero con “Nosotros”