Un callejón sin salida

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El enquistamiento de la crisis que padece Venezuela se ajusta al perfil que señalaba Antonio Gramsci para poder hablar de tragedia. Cuando lo viejo se resiste a morir y lo nuevo no acaba de nacer. Eso es lo que pasa en Venezuela. Apoyándose en los militares y en un segmento de la sociedad organizada en milicias chavistas, Maduro resiste la presión de los miles de manifestantes que reclaman su marcha respondiendo al llamamiento de Guaidó presente interino del país.
El apoyo logístico que recibe de Cuba y el de Rusia y China en el plano diplomático le están permitiendo apuntalar al régimen. Visto que más de cincuenta países han reconocido a Guaidó como presidente interino comprometido con la convocatoria de elecciones libres, debería haber sido un argumento de peso para que la crisis hubiera entrado en cauces de razón. 
No ha sido así porque el Gobierno de Maduro actúa como un enemigo de al menos la mitad de los venezolanos. Los últimos acontecimientos –la liberación de Leopoldo López por fuerzas desafectas al régimen y la promesa de amnistía formulada por Guaidó a los militares para que se rebelaran contra el Gobierno– no ha provocado el cambio esperado. Este movimiento que contaba y cuenta con el apoyo de Washington había sido concebido pensando en un efecto alud.
Pero el cálculo falló. Maduro aparece rodeado del generalato y la plana mayor de las Fuerzas Armadas. Lo que pueda hacer la tropa es una incógnita. Mientras tanto, las manifestaciones populares se suceden y los paramilitares chavistas siembran el terror atacando a los partidarios de Guaidó. 
A todo esto, sabido que López se halla refugiado en la residencia del embajador de España, a nuestro Gobierno se le complica la gestión diplomática del caso. El Ejecutivo de Sánchez reconoce a Guaidó, pero Maduro mantiene abierta la Embajada de Venezuela en Madrid circunstancia que contribuye a crear una situación que invita a proceder con suma cautela a la vista de que la crisis no apunta una salida pacífica ni cercana. Estamos ante un callejón sin salida.

 

Un callejón sin salida