FALTA DE LEGITIMIDAD

|

Una vez más, la izquierda de este país no ha estado a la altura de su tiempo. Hemos padecido una huelga general que nos ha costado miles de millones de euros y, como la mayoría de las huelgas en sistemas democráticos, no ha solucionado nada. Hoy, y como no podía ser de otra manera, continúa el mismo Gobierno que hace apenas 100 días inició su mandato con el voto de la mayoría absoluta de los ciudadanos españoles.

Ya lo dijo De Guindos: “El Gobierno no va a cambiar su política ni un ápice”. Y esta expresión es una muestra de seriedad y responsabilidad. Si la situación económica es grave y las medidas tomadas son dolorosamente necesarias, una huelga general no puede cambiar esta realidad, pues la misma persiste.

Los que perdieron las elecciones, que son además los mismos que con sus errores de gobierno nos metieron en esta crisis, son ahora los que desde la calle quieren suplantar el mandato representativo democrático de las urnas. No es la primera vez que la izquierda tiene este comportamiento profundamente antidemocrático.

Ya en octubre de 1934 instaron un golpe de Estado contra el Gobierno legítimo de la II República, centrando en Asturias su revuelta, porque no aceptaron un gobierno de derechas elegido en las urnas (con tres ministros de la CEDA entre otros, y sus 115 diputados). Solo les valía una República con un gobierno socialista (de los de antes) y comunista (de los de antes y ahora).

Estos procesos de deslegitimación del contrario pueden ser más radicales (como en el 34) o tener una apariencia más moderada (como el 29-M), pero ambos fenómenos tienen un rasgo en común: No respetan la voluntad de las urnas cuando el resultado de las mismas no les satisface.

Defina, querido lector, este comportamiento. Todos tenemos memoria histórica, pero esta vez lo han hecho en tiempo récord, en apenas 100 días. Otro día les hablo de las coacciones a las que se vieron sometidos una parte importante de los trabajadores de este país; ante la siempre lenta y pasiva reacción de la Administración de Justicia.

FALTA DE LEGITIMIDAD