CIENTO VEINTE METROS

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Apoco más de ciento veinte metros del mar escuchamos “Cliffs of Moher” o “Acantilados de la Ruina”, como sonaría en nuestra lengua la traducción de dicho accidente geográfico inspirador de la obra que lleva su nombre y que la Orquesta Sinfónica de Galicia, bajo la dirección de un preciso Josep Pons, estrenó en el concierto de abono número doce de esta temporada. También son ciento veinte los metros que separan el cénit de dichos acantilados del nivel del mar, y bastante más que esa cifra, no en metros, sino en horas y años de dedicación y profesionalidad es la que se requiere para dar un acabado final y aspecto de obra redonda a una partitura como ésta, novedosa, de estreno y, ciertamente, de juventud. El joven Javier Martínez Campos, cellista en ciernes y algo compositor, tuvo que quedar satisfecho con el trabajo que Pons y la OSG hicieron con su partitura.

Breve concierto para oboe y orquesta en forma sonata y en un solo movimiento que Casey Hill interpretó con buen sonido y con carácter ofreciéndonos una lectura diáfana de la obra.

De diversa procedencia fueron los recursos utilizados por el autor para conseguir sus fines divulgativos, así, desde los reflexivos compases introductorios hasta los de corte más folclórico y costumbrista, la obra circuló de forma más o menos clásica de principio a fin, no sin percibir retazos compositivos de estética más actual.

Encontrando en ella altos y bajos y ciertas irregularidades en su discurso, no dejó de gustar al público, que se mostró muy comprensivo con ella.

El plato fuerte, sin duda, fue la Sinfonía de Shostakóvich. Pons hizo una exposición muy trabajada y de amplitud de entendimiento, con una perspectiva del avance y evolución de la obra elevada. Buen enfoque en la exposición del “Adagio – Allegro ma non troppo”, donde el desarrollo y el crecimiento programado de la tensión fue ganando en intensidad a lo largo del movimiento, y sobresaliente para la perfección del tercer movimiento en la marcada e insistente angustia del motor armónico que la impulsa. Una visión completa y clara que gustó sobremanera.

CIENTO VEINTE METROS