Cambiar los cinturones por tirantes

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Al final uno va a lamentar que los mayas se equivocaran y que el 21 del 12 de 2012 no se hubiera acabado el mundo. Aburre el mal tiempo, esa nube perpetua que se nos ha instalado en el alma y que reduce las esperanzas de playa de los gallegos a un par de días al lustro. También cansa que el Depor recurra una vez más a la heroica para intentar no caer al pozo, que se juegue a una sola carta su futuro y con él, las ilusiones de esos miles de seguidores que renuevan su abono sin saber si el equipo estará el próximo año en Segunda. Aburre confirmar el borrador de Hacienda, no tener dinero para las vacaciones o que Georgie Dann intente triunfar en este verano que no existe dedicándole una canción, en esta ocasión a la cerveza.
Pero, sin lugar a dudas, lo que más desquicia es que los políticos sigan siendo como son. Que, por ejemplo, reconozcan que las preferentes son un timo a escala nacional y que ni hayan ordenado que los engañados recuperen su dinero ni que los responsables de este fraude masivo sean encarcelados de manera inmediata.
Al menos nos queda el consuelo bíblico de pensar que los banqueros (como ricos, aunque solo sea por lo que recibieron en sus pensiones) se quemarán en el infierno junto al camello que no pudo pasar por el ojo de la aguja. Es absurdo que se inventen un nuevo impuesto y que lo disfracen de certificado energético para las viviendas que se quieran vender, como si a alguno de ellos les importara algo dónde viven sus votantes, más allá de la visita al barrio que realizan cada vez que se acerca una cita con las urnas.
Es ridículo ese espectáculo circense que montan cada día en el hemiciclo. Insultos, pataleos o gestos despectivos dan paso a tardes de navegar por internet o jugar con la última aplicación de esos caros smartphones que les pagamos todos y que manejan con gran maestría. Y, de rato en rato, cuando el jefe del grupo manda, se aprieta el botón ordenado y ya pueden escaquearse a saborear uno de esos gintonics subvencionados por los mortales que pagamos más de 1,05 euros por un desayuno compuesto por café con leche, zumo, churros o cruasán o tostada con mantequilla y mermelada (para que tengan dónde elegir).
Aunque, puestos a ser sinceros, más ridículo es que Rajoy se considere presidente de un gobierno que se limita a aplicar las decisiones que toma Bruselas y que ha decidido que los pensionistas casi mileuristas españoles ganan demasiado y viven más de la cuenta, o que Feijóo crea que gobierna a los gallegos cuando es Mas el que decide si el déficit será variable o no. Eso sí, los gallegos que llevamos años apretándonos el cinturón comprobamos con sorpresa que lo que hay que hacer es ser más listos y optar por los tirantes, que impiden que los pantalones se nos bajen y, además, no aprietan en la cintura.

Cambiar los cinturones por tirantes