Quiebra y utopía

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o es de cuerdos ponerse utópico en estos días de coronas y virus, sin embargo, la utopía exige ponerse todos los días -no es un imposible, es un improbable- y si utópico es pensar que nos vamos a curar con esta dolencia de todas las desafecciones sociales que padecemos, no lo es menos esa añoranza de salud y el vivo deseo de sanarnos para siempre de la sana enfermedad. Sanidad que compromete al cuerpo que cobija el alma y el alma de ese cuerpo que nos consiente en masa. Días de higiene y buenos cuidados, y en esa sana disposición por qué no comenzar a higienizar la economía con un sencillo ejercicio de racionalidad y transparencia, llamar a cuentas fiscales a todos y cada uno de los representantes políticos que han ostentado algún cargo público y comprobar desde el origen, como se hace con otros muchos ciudadanos, el estado de sus cuentas y patrimonios, exigiéndoles que den razón del origen de sus bienes. Eso, dirán, estaría bien para los que nos son de nuestra cuerda, y así no hay acuerdo, lo sé, pero aquí faltan empresas comunes y rentables, Correo, Renfe… y alguien se las ha llevado y sobran ruinosos cambalaches políticos, y alguien los ha puesto, y lo lógico es que se buscase la quiebra y se reparase. Sé que esto que digo no es políticamente correcto, que lo correcto es exigir nacionalizar o privatizar, para más tarde, supongo, vender sin publicidad, comprar sin rentabilidad y gestionar sin responsabilidad.

Quiebra y utopía