¡VAYA CAMADA!

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No lo ha dicho, exactamente, un servidor de ustedes, pero, en esencia, estoy absolutamente con el espíritu de las frases. En relación con España, se dice que, aquí, el personal ocupa cargos, dirige, supervisa, controla, milita, da órdenes, emite instrucciones, asesora, es miembro, tiene despacho, coordina, contrata, etc. Y, en consecuencia, cobra: sueldos, dietas, emolumentos, bonus, gastos de representación, prebendas, etc.
Los cuales percibe con: puntualidad, largueza, abundancia, generosidad (a veces, en demasía) sin tasa, sin límite, etc. Pero llegado el caso: no sabe, no es de su competencia, no le consta, es de otra área, lo ignora, no le incumbe, no es su responsabilidad… O sea, ¡que pasaban por allí! Y se pregunta, por ejemplo, don Gregorio: ¿Es este un país de malditos irresponsables? Le contesta, sin ir más lejos, el genial Antonio Gala, recordando que más de 578.000 niños españoles acaban de perder la ayuda para libros de texto. Y matiza que es la mejor manera posible de hacer un daño previsible. Se pregunta también si no mirarán un poco al futuro los gobernantes –o lo que sean– del presente.
Realmente, es verdad que atacar los frutos de la educación primera es despreciar el resto. La enseñanza es intocable salvo para mejorarla. Y queda claro que cuando crezcan los menores de ahora, habrán crecido también su insuficiente preparación y su resentimiento.
Estamos contribuyendo –menos becas, menos ayudas, todo más caro, menos I+D– al embrutecimiento y analfabetismo de la niñez y la juventud españolas. Menos médicos –más copago en medicinas, aparatos ortopédicos y tratamientos– y más raposería en las sustituciones, en las vacaciones, en los servicios. Más estocadas a las pensiones –auténticos sablazos con el nuevo sistema propuesto– que significan “méritos” para que los que lleguen a ancianos puedan morirse de hambre cómodamente.
Esta es la realidad de la calle, no la de los sillones del Consejo de Ministros. ¿Y Rajoy? Arrimándose al tafanario  de la Merkel.

 

¡VAYA CAMADA!