Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?
El Ideal Gallego Fundado en 1917

Mi cuenta

Las notificaciones están bloqueadas. ¿Cómo desbloquear?

Estoy leyendo un libro de historia. Rara avis en estos tiempos frívolos donde cualquier indocumentado se cree sabios: doctores ciruela, ratas de hemeroteca, zascandiles de “tertulias al uso”, que nos contemplan desde los tres mil años de Napoleón en Egipto... Mi lectura se titula “Historia de la cristiandad” y la firma un tal Diarmald MacCulboch, acreditado catedrático de Oxford, con el superlativo científico que Gran Bretaña da a sus cerebros.

Un volumen profundo, extenso, minucioso. Donde la objetividad de enfoques y capítulos únicamente pudiera ceder por el parcial enfoque del amanuense. “Un triunfo absoluto, un hito en su campo, asombroso por lo que cubre, una lectura apasionante” (“The Guardian”). Un relato de habilidosa erudición que muestra la belleza de las palabras y su fuerza narradora. Recompensado con el premio Cundill de Historia, el más prestigioso del mercado anglosajón.

Aunque proyectado al mundo, el libro hunde raíces en el judaísmo, describe las primeras células de creyentes y disidentes de la fe a través de los cismas, negaciones, esplendor y parasitismo de una Iglesia que, a veces, parece incapaz de transmitir el mensaje de Jesús. Y así, por el plato de lentejas, muchos seudointelectuales desde Bruselas olvidan sus raíces y calendario cristianos al instante de redactar su Constitución.

Europa, hoy por hoy, es la chica fea que nos ha tocado en el guateque. Nació del engaño de Zeus, disfrazándose de toro (esos que apostrofan los antitouradas), para seducir a la hija de Agenor, rey de los fenicios, y pasar muchas horas de amor con ella en Creta. Así es actualmente con vicios genéticos y otros adquiridos. Desabrida, inconsciente, belicosa. Sumida en reiteradas guerras civiles.

Por desgracia no nos queda otra opción que jugar esta partida y conformarnos con ella. Gritamos a fin de que el miedo que nos atenaza se vuelva clamor esperanzado al superar un nuevo crecimiento.