El estigma que recae sobre los inocentes

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Desde que los vecinos asomados a las ventanas se han autoproclamado vigilantes del confinamiento hay un colectivo que sufre especialmente sus iras: los niños dentro del espectro autista, para los que salir a la calle es una necesidad. Y encontrarse con desconocidos gritándoles desde sus casas y policías parando a sus padres para que justifiquen qué hacen al aire libre es una tensión que en nada ayuda a su condición. La solución que han adoptado muchas de estas familias es llevar un brazalete azul para identificar a los pequeños con autismo y la polémica está en si es más una protección o un estigma. Cuando a quien habría que señalar es a los que increpan a otros sin saber cuáles son sus circunstancias.

El estigma que recae sobre los inocentes