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Los alcaldes siempre han sido tipos curiosos, incluso desde antes de que se les diese ese nombre. Guzmán el Bueno, cuando estaba al mando de la plaza fuerte de Tarifa, no tuvo reparo en lanzar su daga a los sitiadores para que degollasen a su hijo y cumpliesen la amenaza que le habían lanzado si no rendía la ciudad. Ya se sabe que el viento hace estragos en la mente de los habitantes de Tarifa, pero hay que estar muy mal de la cabeza para darle a los enemigos el arma para que maten al hijo. Tipo curioso, pues, este Guzmán el Bueno.

Años después, Pedro Crespo ya disfrutó de la condición de alcalde, que ejerció en la localidad extremeña de Zalamea de la Serena. A un capitán del ejército de Felipe II le dio por retozar con la hija de Crespo, a la que después rechazó por ser de clase inferior. En pleno trauma familiar, Crespo sale elegido el alcalde y, aunque su jurisdicción se limitaba a los civiles, juzga y hace ajusticiar al militar. El rey no solo no solo no toma medidas contra él, sino que lo nombra alcalde perpetuo de Zalamea, título que debe ostentar todavía, puesto que no hay constancia de que lo haya perdido en una revisión de la memoria histórica. Tipo curioso, pues, también el tal Pedro Crespo.

De Pedrafita para dentro, hubo asimismo curiosos líderes en las aldeas, incluso en las que por su tamaño se regían por un concejo abierto. Por ejemplo, en pleno Courel, cuando la luz eléctrica ya no era una exclusiva de las ciudades, se reunieron varios vecinos para pedir al cacique que llevase el tendido hasta sus casas. La respuesta fue instructiva. No tengo problema en decirle al gobernador civil que extienda el suministro hasta la aldea, pero pensad que si tenéis luz, vuestros hijos se quedarán despiertos por la noche leyendo eso que llaman novelas y a ver quién los levanta temprano para que saquen las vacas a pastar. Otro tipo curioso, pues.

A Coruña, cómo no, tuvo también regidores peculiares. Uno de ellos fue Alfonso Molina, de quien algunos aseguran que años más tarde se reencarnó en Francisco Vázquez, transmutándose de falangista en socialista. Era capaz de zamparse docenas de flanes de una sentada, sin ayuda de cucharilla, simplemente sorbiéndolos o de dar ruedas de prensa de madrugada. Dicen que le encantaba ser un crápula por las noches y puede que sí porque murió de un ataque al corazón una madrugada en Río de Janeiro. En cambio, sobre lo que hay certeza absoluta es sobre la ruina en la que dejó el Ayuntamiento Tipo curioso, pues, Alfonso Molina.

Esos mismos problemas económicos son los que sufren ahora muchos municipios y, sin embargo, en algún caso su alcalde no tiene reparo en pagar sorprendentes monumentos con fondos del consistorio, como si las arcas locales estuviesen llenas. Calificar de tipo curioso a quien actúa así parece poco acertado, por muchos años que lleve siendo alcalde.