ESCUELA DE LOBOS

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Después de una atentado “yhadista” se traslada a la opinión pública además de los impronunciables nombres y alias de los terroristas su currículo académico. Como si el adiestramiento en el terror fuese carrera de humanidades decimos, adquirió experiencia en el manejo de armas en: Irak, Siria, Libia, Afganistán. Se alaba a su vez su bárbara destreza, tanto es así que basta que un terrorista entienda algo de explosivos para de inmediato apodarlo el químico. A los que de verdad cursan estudios en esa materia le cuesta años que le llamen licenciados.
Sumido en esta observación y viendo un video del antiguo atentado de “Charlie Hebdo”, tuve la revelación de que el lobo que remataba a un policía al igual que su cómplice, se movían y actuaban con ademanes que me eran conocidos. Que aquella bárbara mímica propia de autómatas y alienados, la había visto antes. Era la desgana de los gestos, lacios, balanceando mucho el cuerpo, andando como de puntillas, sus ojos sin mirada. La forma de empuñar el arma y su modo de disparar y correr con la indolencia propia de quien avanza desnortado.
Las imágenes de los últimos atentados de París me lo recordaron, lo había visto en esos videojuegos violentos en los que la vida se reinicia y el dolor no tiene cabida, para cuanto más el elemental respeto por la ella o la piedad frente a la muerte.  “Su escuela del horror no está en lejos desiertos”, que dijo Aznar, sino en casa, en nuestras casas.

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