Ahora sí hay paciencia

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CUando la crisis económica estaba en su peor momento y los bancos y cajas, los mismos que hacía apenas unos meses habían superado todos los testes de estrés a los que los sometía Bruselas, comenzaron a caer como moscas en un tarro de miel, el Gobierno decidió intervenir para evitar un crack de dimensiones homéricas. Fueron miles de millones los que hubo que inyectar en un sistema que se mostró absolutamente carcomido e incapaz de superar con sus propios recursos la que se nos venía encima. Luego, las entidades, ya saneadas, se trocearon y vendieron al mejor postor que, en realidad, quiere decir que se colocaron a precio de saldo a quien tuvo agallas de adquirirlas. Ahora la crisis empieza a ser un recuerdo y queda en manos del Gobierno la joya de la corona: Bankia. Esta sí que no va a ser regalada ya que el Ejecutivo pretende hacer caja. Queda la duda de saber qué hubiera pasado si hubiera demostrado la misma paciencia con el resto de entidades que casi se malvendieron.

Ahora sí hay paciencia