Sentencias

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Haciéndome eco de la opinión pública en momento alguno dudo la excelente preparación de nuestros jueces y magistrados. Extiendo mi parecer a los miembros del ministerio fiscal e incluso secretarios de sala y miembros corporativos. A mí el Poder Judicial –dentro del esquema explicado por Montesquieu, pesos y contrapesos para equilibrar la democracia- me merece todos los respetos y acato sin reticencias. Todavía más, reconozco que nuestra administración judicial está servida por criaturas muy preparadas, realizan un trabajo encomiable y están en reciclaje continuo y a la orden del día para que sus resoluciones sean las mejores…
No obstante, de un tiempo para acá, lo predicado teóricamente no concilia con la realidad de sus sentencias, auténticos “fallos” para el Juan Pueblo que asiste atónito a las últimas resoluciones elaboradas por nuestras autoridades jurídicas que rezuman poca equidad. Las gentes aparecen conmocionadas por estas decisiones que en su sentido común les parecen inicuas en casos como el Malaya, los crímenes infantiles de Andalucía y ahora el Faisán –escamoteándose la “razón” de Estado y pacto con terroristas como atenuante– sustituyendo la colaboración por revelación de secretos sin ir a la trena los interfectos. Principios de Derecho guardados para mejor ocasión: “injuria lo que se hizo contra la justicia (mil víctimas de ETA)” y “lo hecho contra las buenas costumbres es antijurídico”.
Imagino la humillación de los familiares de las víctimas, los acongojados por amenazas, los esclavos del miedo, quienes hayan sufrido extorsión de la banda asesina, al pensar como se ha vulnerado doctrina del T.S. “Nadie puede hacer mejor su condición por su propio delito…”. La chapuza me empuja a dos reflexiones: a)  ¿Cuál es la razón para que dos parejas de policías nacionales hayan sido condenadas durante gobiernos socialistas? b) ¿Quién ha mecido la cuna de la “sonada” operación Faisán?

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