La vacuna de la memoria

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¿Por qué en algunos países de Europa crecen en votos los partidos de extrema derecha y en otros no, o no tanto? Es una pregunta recurrente a hilo del progreso de fuerzas políticas de esa naturaleza en Alemania, Austria, Italia, Hungría o Polonia. Por no hablar de la persistencia en Francia del Frente Nacional liderado por la familia Le Pen. No hay una respuesta única, porque en cada país varían las circunstancias, pero sí hay factores comunes. La llegada de emigrantes que huían de la guerra de Siria y de otros países del entorno abrió en Alemania un áspero debate sobre la política seguida por Merkel y en esa controversia entró un partido islamófobo y antieuropeísta como ApD que se convirtió en la tercera fuerza en las elecciones de 2017 y acaba de revalidar su crecimiento en las elecciones regionales.
Otro tanto sucedió en Austria o en Hungría, donde el discurso xenófobo y crítico con la UE arraiga con fuerza. El caso de Italia es, si cabe, más preocupante porque a las medidas para cerrar los puertos a miles de emigrantes africanos, el vicepresidente y ministro del Interior, Mateo Salvini, líder de la Liga Norte y hombre fuerte del Gobierno, une un discurso antieuropeísta y radical. Todo esto sucede en un momento en el que el Brexit crea una crisis de expectativas sobre el futuro de la Unión Europea. También en el sustrato del discurso de los principales políticos británicos partidarios de la ruptura con la UE (Boris Johnson, Nigel Farage) alentaban elementos similares a los de los radicales que explican el auge de las posiciones de extrema derecha. 
Llegados a este punto cabría preguntarse por qué España, Portugal y en cierta medida Grecia se han visto prácticamente libres de este tipo de fuerzas políticos. De hecho en los tres países gobiernan partidos o coaliciones de fuerzas de izquierda. En política las cosas rara vez obedecen a una sola causa, las circunstancias económicas y sociales marcan las tendencias. Pero también la Historia. Puede que la memoria histórica también haya podido jugar un papel. En Portugal, tras cerca cincuenta años de salazarismo, el 25 de abril de 1974 cayó la dictadura; en Grecia, también ese mismo año cayó la dictadura de los coroneles. Y en 1975, tras casi cuarenta años, España dejaba atrás la dictadura franquista. No ha pasado tanto tiempo. Con la ya mencionada excepción de Italia, esa cercanía quizá haya sido la vacuna que explica el porqué del escaso arraigo de las fuerzas de extrema derecha en los países de sur de Europa.

La vacuna de la memoria