La muerte que Sánchez lamenta

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no daba crédito viendo al presidente lamentar sentidamente la muerte voluntaria del etarra Igor González Sola desde su escaño. Y no porque haya que alegrarse de ninguna muerte, pero entre el lamento y la alegría cabe un silencio, en este caso exigible a cualquier responsable público. Dejé pasar unos días entre esa acción de Sánchez y este artículo porque desde la calentura uno puede escribir cosas que, aunque piense, no deben ser escritas. 
Hablé con algunas personas para contrastar opiniones, algunas de ellas socialistas de prestigio y, finalmente, decidí ofrecerles mi humilde punto de vista. El terrorista que se suicidó era miembro del comando Donosti, catalogado como el más sanguinario de ETA. Condenado a 20 años de prisión por pertenencia a banda armada, depósito de armas y falsificación de documento oficial. En las bandas terroristas se reparten el trabajo y unos apuntan y otros disparan, pero todos participan de asesinato. Entre los compañeros del tal Igor, cabe destacar a Txapote, Irantzu Gallastegui o el carnicero de Mondragón condenados a 50 años de cárcel y también Valentín Lasarte a quien se le intervino una lista de 713 objetivos de ETA, es decir, 713 personas que estaban en el punto de mira de la banda. 
El palmarés del comando Donosti es amplio, pero les haré una síntesis de sus acciones: 1982 asesinato de 10 personas, 1983 once muertes, 1994 asesinato del empresario José Manuel Olarte, 1995 asesinato de Gregorio Ordoñez, 1996 asesinato de Fernando Múgica Herzog militante socialista,1997 Asesinato de Miguel Ángel Blanco, Francisco Gómez Elosegui y José Luis Caso Cortina concejal de Rentería del PP, 1998 Asesinato de José Ignacio Iruretagoyena y Manuel Zamarreño concejales del PP en Zarauz y Rentería, 2000 veintiséis asesinatos en Guipúzcoa, 2001 atentado contra Iñaqui Dubrevil concejal del PSOE en Ordicia, él sobrevive pero fallecen dos obreros. Podría continuar con esta macabra relación, pero creo que es suficiente y refleja bien la catadura del etarra suicidado y su banda. 
Quizá en un exceso verbal, Fraga llegó a afirmar: “el mejor terrorista es el terrorista muerto” afirmación que suscribió también el socialista Fernández Moreda en enero del año 95 y que recogió el diario El País. Había otras opiniones, como la del Teniente General Sáenz de Santamaría que dijo: “un terrorista muerto da satisfacción. Uno vivo da información que es más práctico”. En ninguna de estas afirmaciones se percibe lamento, en todo caso, por la muerte de un terrorista y menos cuando la muerte le llega por propia elección, no como a sus víctimas a las que eliminaron con un tiro en la nuca o una bomba bajo su coche sin darles oportunidad alguna de vivir. No soy capaz de celebrar ninguna muerte, pero tampoco algunas muertes me provocan tristeza alguna. Recuerdo la muerte de dos terroristas a los que les explotó en sus manos el artefacto que iban a colocar para provocar la muerte de unos guardias civiles que se trasladaban en un autobús y al ver la noticia en la televisión debo reconocer que sentí alivio, personas inocentes al servicio de los ciudadanos habían salvado la vida a costa de las de sus pretendidos verdugos. Hay muertes que no se pueden lamentar sr. Sánchez y menos si su lamento está relacionado con la aprobación de unos presupuestos que precisan, por su elección, del concurso de Bildu, organización política heredera de ETA y en la que militan miembros que pertenecieron a la banda asesina. Usted, sr. Sánchez, trasladó a Bildu su pésame por el suicidio del etarra preso, otros, cuando vimos caer a inocentes con un tiro en la nuca, pensamos: ¡que pena de muerte!

La muerte que Sánchez lamenta