NOSTALGIA

|

Hacía tiempo que no veía a Petapouco. Quizá porque le molestaba comentar malas noticias. El encuentro fue premonitorio en el cementerio de San Amaro, al lado de la Cruz de los Olvidados. También flores de Chavela Vargas que lloran al mecerlas al viento. Añoranza, tristeza, saudade. Nostalgia para brindar por los fracasos del amor, según cantaba el argentino ramplón con cara de Messi y compungido por los cuernos que adornaban –¡cómo a tantos individuos en tantas latitudes!– su frente de patricio romano.

“La Coruña no marcha –murmuró con voz apagada e ininteligible–. La situación rompe los esquemas y no hay ingeniero que la recomponga. Ni siquiera ese alfarero que, según cuentan viejos papeles, modeló con barro el robot que hemos dado en llamar hombre… Si echas un vistazo atrás el caos y la desesperación se apodera de nuestra ciudad. Lo reconocía en irónico y profundísimo artículo, ‘Panda de cenizos’, vuestro brillante Miguel Pampín”.

“Hombre –protesté–, siempre tan optimista. Auténtica alegría de la huerta. Espero que algún día cambiarás tu chip”.

“Me esfuerzo –asiente con voz alta y clara– pero no lo consigo. Piensa en los desmantelamientos coruñeses: fábricas de gas, cerillas, jabones, cristales, sombrererías, tabacos, Gallega de Electricidad, Fenosa, industrias varias de Barrié, armadores, bacaladeras, conserveras, etc. En la esfera financiera nuestra modélica caja de ahorros, los bancos de La Coruña, Pastor… Simple estación termini disfrazada como rampa lanzadora de éxitos. Fracaso generalizado de líderes que sólo han consolidado masas en rebelión”.

“Sin embargo –afirmé muy convencido sin creérmelo– siempre hay estrellas en noches tenebrosas y en el Orzán veo un chiquillo que mira el horizonte y todavía espera en una época sin esperanza”.

NOSTALGIA