Química de pareja

Lo nuestro, querida, es un flechazo ideológico. Otros se motivan por una mirada, un cuerpo todo terreno, una voz persuasiva, una alegría cascabelera… Pero tú y yo somos distintos al resto. Tampoco te condicionó mi tipo, estómago planchado, hombros rectos, rasgos correctos, mi educación –me lo mandaron así de su casa, sueles decir-, elegancia innata. Sin duda nuestras relaciones pueden definirse por contradicciones. Tú eres de ciencias y yo de letras, me descubriste la música clásica y la ópera y yo la literatura y el teatro. Las matemáticas como filosofía tuya y mis ensueños para caminar por un mundo hostil.
Hay química entre los dos. “Quiero y no quiero querer, / a quien no queriendo quiero” ¿Recuerdas? O los poemas que ponen peldaños retóricos a palabras sin sentido. Pero la política nos condiciona tanto que define nuestra intimidad. Recuerdo que el primer beso ni fue romántico ni honorífico cuando aprobé la oposición a notarías… fue, simplemente, el día de un triunfo electoral de nuestras siglas políticas. Allí, en su sede administrativa, nos habíamos conocido… Somos incapaces de comprender nuestra parcialidad tuerta en los enfoques que desenfocan. Lo único válido es el alma del partido y cuanto disponga. Por artificial que resulte como correa transmisora de –muchas veces- ocultos intereses. Únicamente vemos la razón de Estado y la conquista del poder. Así la noche electoral, cuando alcanzamos la mayoría absoluta, nos acostamos juntos por primera vez y decidimos casarnos.
Hoy todo eso ha terminado. El divorcio cerró nuestro matrimonio sin hijos. Me pregunto por donde andarás. Si tu cuerpo está deformado y has perdido la airosa longitud de tus piernas. También si has encontrado a otro y eres más feliz. Yo sigo en la inercia de los días. Estoy calvo y eché barriga. Soy alma solitaria de una noche donde nuestro partido político también ha roto en añicos…

Química de pareja

Te puede interesar