Pepiño lo tiene negro

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José Blanco, el político que en Galicia hizo política como Blanquito y en Madrid como Pepiño, anda ahora por Bruselas, donde vive un retiro dorado como eurodiputado. Allí se dedica a vegetar, pues la capital de Bélgica es la ciudad más aburrida del mundo desde que se marcharon los Tercios. Para darle un poco de marcha a su pacífica existencia, vuelve a casa para las fiestas del pueblo, como hacían antes los emigrantes. Eso es por el verano; entonces concede alguna entrevista y le larga un par de labazadas al PP para dar cuenta de que sigue vivo. La vuelta a casa para celebrar las navidades en familia comiendo coliflor con bacalao era siempre tan insulsa como su día a día bruselense, pero este año ha resultado ajetreada. Las elecciones europeas están ahí al lado y sueña con volver a ser candidato, pero en las primarias apoyó a Susana “La sultana” Díaz y Pedro “La sonrisa” Sánchez, quien tras su muerte y resurrección se mostró más vengativo de lo que cualquiera pudiese pensar, se la tiene guardada. Lo ve tan complicado que ha recurrido a ZP para que lo enchufe. Mal está la cosa.

Pepiño lo tiene negro