La croqueta y el aerosol

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¡QUIÉN lo iba a decir hace unos años! Resulta que cuando un españolito se perfumaba las axilas con desodorante en espray para no atufar a los compañeros de trabajo, o, si era sábado por la noche, para embriagar a una mujer a la que previamente habría preguntado “¿estudias o trabajas?” –que por entonces era el primer paso hacia una relación estable–, estaba furando la capa de ozono, acelerando el cambio climático y provocando el calentamiento de la Tierra y todo para que además la mujer a la que pretendía embriagar ya estuviese emparejada y pasase de él. Los científicos han descubierto ahora que todo ese daño aerosólico se contrarresta con la fritanga. Al parecer, cocinar unas croquetas, unos aros de cebolla, unos churros es maravilloso, pues se genera un humo que contiene unos ácidos grasos que favorecen la formación de nubes y, por lo tanto, bajan la temperatura del planeta. Anda que deben estar contentos los cardiólogos con su filetito a la plancha y su pescadito cocido.

La croqueta y el aerosol