Una infanta en el banquillo

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Apenas unos días después de haber llegado a la fecha en la que “nació”Roy Batter, el replicante de “Blade Runner”, va a ser verdad su manida frase de “he visto cosas que nunca creeríais”. Y no hablo de naves ardiendo más allá de Orión o rayos C brillando cerca de la puerta de Tanhauser, que eso ya, al fin y al cabo, empieza a parecer algo de lo más normal. Lo que nunca creeríais, mis pequeños saltamontes, es haber visto a toda una infanta de España sentada en el banquillo. En el de un juzgado, no en el del Real Madrid, algo que, hace apenas unos años, podía haber sido mucho más plausible que el hecho de que la hermana de un rey se sentase entre los acusados de un caso de corrupción como es el Noos.
Para regocijo de algunos y disgusto de otros –la alegría va por barrios, según sean estos republicanos o monárquicos– Cristina de Borbón era la protagonista ayer, muy a su pesar, de todos los telediarios, las tertulias y las portadas de los periódicos. El juicio va para largo pero, para empezar, el fiscal y la abogacía del Estado ya han dejado clara su postura, que no es otra que exonerar a la infanta de responsabilidad en los negocios de su marido. En su opinión, habría que aplicar aquí la doctrina Botín, lo que no hace referencia a las presas que pudieran haber hecho “a despecho del inglés”, como cantaba Espronceda, sino al fallecido banquero. El antecedente significa que si tanto el fiscal como la acusación particular están de acuerdo en que no hay delito, en jucios por temas fiscales, no hace falta que haya juicio. En este caso, parece que sí aprecian indicios de delito aunque lo que se pone en duda es la participación necesaria o no de la hermana del rey: es decir, si sabía lo que hacía su marido o estaba al margen.
El tribunal tendrá que tomar una decisión al respecto y el trabajo no es fácil porque la presión mediática es grande. El rey emérito, Juan Carlos, ya dijo en su día en el discurso de Navidad que todos debemos ser iguales ante la justicia. Y eso implica que, si existe un delito, la infanta sea juzgada. Pero también, si no existe, que sea absuelta. Ni pagar de menos por su linaje pero tampoco recibir mayor castigo precisamente por el hecho de que existan sospechas de que el tribunal no haga su trabajo si la deja ir. Pase lo que pase, siempre habrá conspiranoicos que no estén satisfechos. Dejemos al juez trabajar.

Una infanta en el banquillo