Plan C. Con ‘c’ de Casado

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El Gobierno, o al menos Sánchez, se siente optimista, nos dicen, viendo que la curva de infectados y muertos desciende. Ello, también nos cuentan, hace brotar el optimismo gubernamental en el sentido de que el paulatino fin del confinamiento, dará mayor respaldo ciudadano al Ejecutivo; que la gente olvidará críticas. Y que, de nuevo, el equipo de coalición PSOE-Unidas Podemos tendría una mayoría, muy relativa, pero mayoría al fin, en el Parlamento, suponiendo que Esquerra y el PNV no acaben de ‘descarriarse’. Pero, claro, todo este rosado horizonte podría derrumbarse, lo admiten, si Casado se empeñase en ello. La situación, en el fondo, está en manos de Casado. ¿Lo sabe Sánchez? Lo sabe.

Supongo que el presidente del PP se hallará en estos momentos enzarzado en profundas reflexiones sobre si debe, o no, permitir la cuarta prórroga del estado de alarma. Tengo para mí que Casado se juega su futuro en este envite. Si dice que ‘no’, el hombre que hoy nos gobierna le acusaría, sin duda, de un posible rebrote de la enfermedad. Si dice que ‘sí’ le acusarán de sostener al peor gobernante de la Historia contemporánea.

“No hay plan B”, advirtió Sánchez. Es una amenaza: si no se acepta el ‘plan A’, es decir, prorrogar el estado de alarma, quien vote en contra será el responsable de lo que ocurra con la salud de la población. Una trampa cutre; pero así es la política en esta tierra nuestra. Hay plan C, no obstante, creo. Que Casado se plante, acepte cooperar pero vaya mucho más allá: exigir cogobernar la transición. No ese cogobierno que este domingo ofrecía Sánchez a los presidentes autonómicos, sino ir mucho más allá. Exigir, a cambio del ‘sí’ a la prórroga, algo semejante a un Gobierno de concentración, o llámele usted de salvación nacional. No se trata ahora de, como a veces hace la presidenta madrileña Isabel Díaz Ayuso, ser más peleón que nadie contra un Gobierno que patentemente está haciendo muchas cosas mal y en otras trata de imponer modelos claramente repugnantes para ‘la otra España’. Se trata de armonizar las dos Españas machadianas y salvarlas a ambas de lo que podría ser el riesgo de incurrir en un Estado fallido, salvado ‘in extremis’ por un durísimo rescate del mecanismo Europeo de Estabilidad, del que todos saldríamos más pobres. España huele a Grecia, pero Pablo Iglesias no es Tsipras, ni Sánchez el mejor Papandreu. Veremos si Casado puede llegar a ser el mejor Mitsotakis. Él es el ‘plan C’, le guste o no le guste a quien esta semana tratará de imponer el ‘plan A’.

Plan C. Con ‘c’ de Casado