Alarma social

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Las derechas con sus tentáculos mediáticos ya han elegido al malo del año o más aún, del siglo. 


Ciertamente el personaje ayuda. Pero si separamos la ganga de la plata nos encontramos con verdades indiscutibles: el poder judicial atrincherado en el pasado pues el filibusterismo –y el próximo juicio – del PP ha rebajado la calidad y credibilidad de uno de los poderes del Estado.


El hecho de que destacados militares –afortunadamente en el retiro – propongan fusilar a veintitantos millones de españoles – no es precisamente un buen clima de tranquilidad para la ciudadanía.


La política carcelaria –pongamos que hablamos de Rato – que ya está en la calle por impartir un curso sobre riqueza restrautativa ¿?, mientras está a las puertas del trullo un paisano que hace chuflas sobre la monarquía, no parece ser un acierto democrático .Y si añadimos que tiene libertad para irse a Londres y que no cumplió la tercera parte de su pena pues el caso parece más chungo, dicho con todo el respeto de quienes acatamos todas las decisiones que se tomen en sede judicial. Y es dificil aplaudir l decisión sobre el caso del master de la – presidenta de la comunidad madrileña: la absuelven, pero le riñen.


Las cloacas policiales, la corrupción que ocupa buena parte de los juzgados y que va desde lo más alto del escalafón “a la que pesca en ruin barca”, mientras en Suiza llevan tiempo acumulando pruebas sobre el caso. Todo esto no son precisamente, lo mejor de nuestra historia reciente.


Conocer, como cuenta Eskaizer, que Hacienda no inició una inspección a Juan Carlos I, pese a conocer que utilizó fondos no declarados cuando ya no gozaba de inviolabilidad, no es para presumir.


Los que aprovecharon sus cargos o rango para saltarse la “cola” de la vacunación –cregos, militares, alcaldes, etc., etc. – no son personajes de los que debamos sentirnos orgullosos ni ejemplos para exportar.


El aumento de las colas para recoger algo que llevarse a la boca no es algo de lo que podamos sentirnos orgullosos. El Zendal, capricho de la presidenta de la comunidad madrileña, es otro ejemplo de lo que está pasando.


Sin duda todo esto produce alarma social sobre la ciudadanía sin que ello signifique una falta de amor a la patria de cada cual sino el deseo de conseguir un país más solidario, mejor para todos según sus necesidades y con respeto a sus derechos.

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