Arte y basura

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Contentísimas andaban Sara Goldschmied y Eleonara Chiari con la obra de arte que habían colocado en el museo de Bolzano, en el norte de Italia. La instalación, titulada Dove andiamo a ballare stasera (Dónde vamos a bailar esta noche), era una alegoría sobre los años 80 en Italia e intentaba representar el fin de una fiesta, con confeti, colillas y botellas de champán vacías por doquier. El caso es que, cuando llegó la señora de la limpieza, llegó a la conclusión de que aquello era una porcallada y refunfuñando por lo guarros que pueden llegar a ser los artistas cuando se ponen a celebrar algo, hizo lo normal: tirarlo todo a la basura. La directora del museo, Letizia Ragaglia, lejos de poner el grito en el cielo, está encantada y ha hecho unas declaraciones en las que afirma que así se fomenta el debate y se demuestra “cuánto interés y cuánta irritación puede causar el arte contemporáneo”. 
Conste que no es la primera vez que pasa. Con un breve repaso a las hemerotecas, surgen dos casos similares: uno, en 2004, cuando una bolsa de basura llena de cartones y periódicos, obra del alemán Gustav Metzger, fue a parar al destino que estaba pidiendo a gritos, aunque lograron salvarla in extremis. No tuvo tanta suerte el británico Damien Hirst quien, en 2001, vio como una obra similar a la de Goldschmied y Chiari, realizada con ceniceros, colillas, botellas y paquetes de tabaco vacíos, pasaba a decorar el vertedero más cercano. 
La conclusión que podríamos sacar de todo esto es que o las empleadas de la limpieza no tienen la sensibilidad suficiente para ver el arte cuando se lo encuentran de frente o los artistas le echan un morro importante a la vida. Quizás, solo quizás, lo sucedido en el museo de Bolzano esconda una cuidada operación de marketing que ha permitido que el nombre de las dos artistas se haya hecho famoso a nivel mundial, al igual que pasó con Piero Manzoni, aquel italiano que defecó dentro de un bote y lo vendió –la última subastá llegó a 124.000 euros– con el nombre de ‘Mierda de artista’. Al menos, no pueden decir que el título engañara a nadie. Quizás la cosa se podría arreglar colocando un cartelito que explique qué es basura y qué no pero si me preguntan qué es arte, les diré que debería ser aquello que no puede confundirse jamás con el extintor. 

Arte y basura