CAMPAÑA

|

Hay que ser estadounidense para saber hacer campaña. No es ninguna revelación, hace décadas que miramos hacia Norteamérica en busca de iluminación para nuestros candidatos. A pesar de que tenemos fallos de base. Ni líderes carismáticos, ni tradición de espectáculo. Nos faltan los grandes eventos, juegos de luces, música en directo y seguidores entusiastas; los discursos inspirados y conmovedores; los asesores de imagen que corrigen gestos, buscan sonrisas convincentes y envuelven a los aspirantes en auras de estrella de cine. Inaccesibles pero cercanos. Admirados, apreciados, deseados incluso. Allí fabrican galanes y héroes de leyenda y aquí no pasamos de secundarios a los que parece irles grande el papel.

La carrera hacia las urnas, convertida en circo por estos lares, debería ser una función pensada para maravillar. Un engaño elegante. Con protagonistas que tan pronto muestran su faceta más responsable en reuniones de alto nivel con empresarios como se lanzan a jugar al baloncesto en un torneo callejero o despliegan su encanto en el prime time televisivo. Buenos oradores, no temen el contacto con los votantes y para todos tienen algo. Unas palabras en su idioma materno, una anécdota para sentirse afines.

La cercanía, uno de los pilares de toda campaña americana. Hombres de familia que presentan orgullosos a los suyos, conscientes de que no venden solo al dirigente, sino también al marido y al padre. La primera dama y los hijos del presidente son en Estados Unidos lo más parecido a la familia real. Las esposas, iconos de moda y creadoras de opinión, pueden llegar a superar a sus consortes en trascendencia histórica. Son el apoyo y el contacto con la realidad. Salen al escenario como la estrella invitada, arrancando sonoros aplausos. La primera frase de Obama en su debate con Romney fue para Michelle, por su vigésimo aniversario. El broche de la velada, el abrazo de los contendientes con sus mujeres e hijos.

Entre un momento y otro, noventa minutos de un cara a cara con contenido, más allá de la repetición desapasionada del ideario del partido. Dos políticos seguros, que dominan el directo y las cámaras. Dicen los analistas que este primer duelo lo ganó el republicano. Nos puso, por cierto, como ejemplo de desastre económico. Si tiene ocasión de ver un enfrentamiento entre nuestros candidatos patrios también podrá ponernos como ejemplo de parodia política.

CAMPAÑA