De buenos y malos

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No sé si será la tercera ola o un tsunami, pero ya tenemos un montón de datos para hacer un balance de estos días y de  sus efectos más perversos, a la vez de las acciones más dignas de aplauso.

Junto con los sanitarios, los agentes de la autoridad, las cuidadoras de tantos hogares que se jugaban el pellejo por un mal salario y a veces sin ninguna seguridad. A las empleadas de supermercados y otros negocios donde la proximidad es un riesgo perenne. Seguro que me olvido de otros tantos colectivos que nos hicieron la vida más fácil y que no aparecerán en ninguna estadística. Hay que recordar a las instituciones y grupos que ayudaron en uno de los males colaterales del virus. La pandemia social de los que menos tienen. Desde el Padre Ángel a los voluntarios de Cáritas, Cocina Económica y tantos y tantos seres anónimos que pusieron su afecto y esfuerzos en favor de otros. Esos son los verdaderos patriotas. Las gentes que hacen nación. 

Pero quisiera detenerme en un grupo que, otra vez, demostró su profesionalidad y su espíritu de servicios: los hombres y mujeres de la UME, la Unidad Militar de Emergencia a quien la derecha más casposa bautizó en su día como “los soldaditos de Zapatero”. 

Ese grupo, que ya actuó en incendios forestales, crecidas de ríos y otras acciones de ayuda a sus conciudadanos más necesitados, ha constituido la primera muralla contra las adversidades en los momentos de mayor riesgo. En cada ciudad, pueblo y aldea debían tener una placa, un recuerdo, a su labor. Ese es un ejército de patriotas y no ese grupo de nostálgicos. 

Buena parte de nuestra sociedad civil se apuntó a un ejército anónimo de ciudadanos para luchar contra el dolor que produce toda enfermedad y para ese otro mal que produce la pobreza, la desigualdad, la vulnerabilidad propio de países del tercer mundo pero que los tenemos aquí a una vuelta de la esquina. Pero hay más en esta España que sufre  una crisis sanitaria con una economía lastrada por los recortes, la privatización de la salud y la degradación de los servicios sociales. 

Aquí mismo el señor Feijóo necesitó una década para alcanzar la cifra de gasto en sanidad que el gobierno anterior. Y en el pasado 2020  invirtió menos que la media en todo el Estado. Y tenemos a  los malos buscando rédito en la  muerte y el dolor de muchos. 

De buenos y malos