EL HOMBRE DE LA GUERRA

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Se plantó frente al mundo y anunció la guerra. Encantado de jugar con los mayores. Bush, Blair y él. Uno más del trío de defensores del planeta. Esos que se inventaron una amenaza mundial para hacer una demostración de fuerza. Desplegaron las tropas, sacaron los tanques. Los amos del mundo.
Es su legado. Involucrarnos en una matanza. Colocarnos en el punto de mira de los que buscan venganza. Tan cegados quienes entienden la barbarie como forma de vida como aquellos que pretendieron erradicarla a golpe de fusil. Descubierto el engaño de las armas de destrucción masiva que nunca existieron, reconoció un error imposible de negar por más tiempo. No hubo disculpas, habría sido demasiado. Quienes se consideran superiores no suelen pedir perdón. Simplemente dejó ese rastro de muerte cuando se fue.
Ahora amenaza con volver. El poder es una droga. Lo saben quienes han estado bajo los focos y quienes conviven con los que están. No es suficiente conseguir un par de titulares de vez en cuando. Una conferencia, una reunión; un comentario sobre la polémica de turno. José María Aznar quiere ser de nuevo el hombre fuerte. El gran dirigente que cree que es. El líder.
En su camino dejará cuantos cadáveres políticos sean necesarios. Un fin tan elevado justifica toda bajeza. De pronto no hay amigos. Ni pupilos, ni delfines. Solo un objetivo ajeno a los escrúpulos y a las lealtades. Con el país agitado, un tipo que sepa ajustar su discurso a lo que piden las masas puede acabar gobernando. La dosis exacta de populismo indignado para llegar a los votantes hastiados sin levantar sospechas entre los fieles a la doctrina conservadora. Que bajen los impuestos y que se aumente el control migratorio, por ejemplo. Para colarse en ese vacío de nombres e ideas que nadie está sabiendo aprovechar. El primer paso está dado. Conseguir protagonizar el debate político. Que todos hablen de él. Aunque sea para suspirar un “Dios no lo quiera” como respuesta a la cuestión de si creen que Aznar puede volver.
Su público sigue ahí. Aquellos que hablan de él como de un gran gestor, que saneó las cuentas públicas y dio trabajo. De lo de la burbuja inmobiliaria no se acuerdan. Memoria selectiva. Tampoco parecer recordar que Aznar es quien redistribuyó la carga fiscal para favorecer a las rentas más altas, quien trató de ocultar las dimensiones de la catástrofe del “Prestige”, quien mostró una frialdad apabullante ante el accidente del Yak-42 y quien juró que la responsabilidad del 11-M correspondía a ETA. Pero por encima de todo, es el hombre que nos llevó a la guerra. El que nunca pidió perdón por ello. No se nos puede olvidar.

EL HOMBRE DE LA GUERRA