“Fútbol es fútbol”
Sentenció un mago del balón en el afán de expresar lo incierto de este deporte que tanto se asemeja a la vida. Al igual que ella se forja exacto en la cabeza y ejecuta inexacto en los pies. El hombre halla en sus quehaceres cotidianos buen oficio y consejo en las manos. Alcanzando a recrear con tal exactitud aquello que vislumbra que a menudo se le incendia de belleza. De las manos se espera mucho, de los pies solo la bondad del paso, la caridad de sostenernos.
Nada desde luego capaz de sublimarnos. Y de pronto nos topamos con el balón y a golpe de pie lo tocamos, conducimos y dirigimos, antojándosenos mágica tal habilidad. Qué decir sin nombrar el delirio cuando la balompédica sonata la ejecuta un virtuoso. Y si los pies son capaces por qué no toda nuestra anatomía, y en ese envite no hay víscera que no se exprese natural y gozosa.
Partiendo de ahí el espectáculo está asegurado, cabe todo: comer, beber, gritar, insultar, emocionarse, expresarse, en fin, sin otro cuidado que el de no tenerlo. En esa liberalidad de darte todo sin exigirte a cambio nada se basa el éxito del fútbol. No seamos pues exigentes con él, a la postre sólo es lo que es y eso lo saben hasta los pies.
Economía por el contrario, es incertidumbre, lo sé, pero no me negarán que viendo lo mal que nos va en esa cerebral batalla y lo bien en la lid deportiva no apetece acordarse de la madre del árbitro y gritar: “Con los pies Mariano, con los pies”.
