LA IMPORTANCIA POLÍTICA DEL TIEMPO

Es frecuente que los políticos utilicen o se refieran al tiempo como argumento para justificar sus fallos o defectos. Por ello, procuran endosar al pasado sus propios errores; o confiar al futuro, el cumplimiento de sus promesas de incierto y dudoso resultado. En ambos casos, la disculpa del tiempo sirve de coartada para eludir su responsabilidad. Huye del presente o lo enmascara. Se trata de un ejemplo de escapismo político. Esa actitud de autodefensa se basa en proclamar que la culpa es de los otros o, como vulgarmente se dice echar balones fuera.
Ahora bien, esa política de ir tirando, equivale a pensar que el tiempo lo cura todo. Aceptada esa idea, se cae en la inactividad o pasotismo del político, lo que revela su incapacidad para gobernar. Decir que cada cosa a su tiempo, equivale a no hacerlas a destiempo. Sólo en este caso, se posee el don de la oportunidad que consiste en la unión perfecta de la sabiduría y la prudencia.
En relación con el pasado, los políticos recurren al engaño de referirse siempre a la herencia recibida, como si de una excusa absolutoria se tratara, para justificar las consecuencias desfavorables de su mandato.
La actitud expuesta ignora que, en política, no cabe aceptar la herencia a beneficio de inventario, ni tampoco rechazarla. Alcanzar el poder, implica aceptarlo, con todas sus consecuencias, favorables y adversas. Además, el partido político favorecido por las urnas debe ser consciente de que si la herencia recibida no fuese gravosa y problemática, difícilmente el electorado castigaría al anterior gobierno. Sería, pues, ingenuo pensar que la alternancia en el poder se produciría, si el balance de situación y la cuenta de resultados del anterior gobierno, arrojase un saldo extraordinariamente positivo y favorable.
A la vista de lo anterior, no puede extrañarnos que en relación con alguno resultados electorales, el ciudadano entienda que en esos casos no gana el que gana sino que pierde el que pierde, por considerar que el éxito se debe más a los errores del que pierde que a los aciertos de que gana.
Apoyarse en la herencia recibida, para justificar su propia actuación, es olvidar o negar que a esa mala situación heredada, pudo deberse, su propio éxito. Pero, por otra parte, esa estrategia obliga y compromete al que la emplea, a corregir y mejorar la situación heredada. De lo contrario, el tiempo se utiliza, no como una estrategia, sino como una estratagema inaceptable.  El tiempo no sólo no se detiene, sino que al contrario, el tiempo huye o, como decían los latinos, “tempus fuxit”. El tiempo nos devora. El tiempo es, en suma, el juez de nuestros éxitos y de nuestros fracasos o promesas incumplidas. El político debe por ello, saber “aprovechar el tiempo” y, en todo caso, “reaccionar a tiempo”, a sabiendas de que”el tiempo perdido” es irrecuperable.
Por último, “el tiempo” como testigo de la actualidad, será en su día, el que pronuncie el veredicto definitivo, o lo que es lo mismo, el “tiempo lo dirá”.

LA IMPORTANCIA POLÍTICA DEL TIEMPO

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