Alivio para discapacitados

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En España, obtener ayuda para una persona dependiente es bastante difícil. Tanto, que muchos mueren sin que lo hayan conseguido. Las listas de espera son largas, los recursos cortos, y la paciencia y la salud nunca fueron infinitas.

Menos mal que en el Gobierno hay ministros preocupados por la gente y han puesto en marcha una Ley de Eutanasia que, en parte, puede aliviar el problema. No se han aumentado los recursos para la dependencia, ni la agilización de sus trámites burocráticos, y tampoco hay órdenes de ampliar los alivios paliativos, pero la Ley creo que casi estará lista cuando se publiquen estas líneas.

Es más sencillo conseguir unas rayas de cocaína en una ciudad española que lograr un poco, muy poco de morfina, en uno de sus hospitales públicos para aliviar esas últimas semanas de los enfermos por los que ya poco puede hacer la unidad del dolor.

No es que yo aconseje que los familiares, por su cuenta, le administren al enfermo unas rayas, porque igual ni tiene fuerzas para aspirar por la nariz, pero hay que reconocer que siempre podrán optar por la eutanasia, puede que mucho más brutal, pero de una eficacia indiscutible, y no me atrevería a decir lo de muerto el perro se acabó la rabia, porque no resultaría fino.

Tampoco es fino que los discapacitados entren en el lote, aspecto que ha llamado la atención de la ONU, que condena que se permita la eutanasia por motivos de discapacidad, pero está claro que la ONU no está a la altura de lo compasivo que es este Gobierno, que ya en otra Ley, la de Celáa, va a destruir los centros de educación especial y llevara a los discapacitados psíquicos a las escuelas normales, donde serán los patitos feos normales. Si no se consultó de esto a los profesores, tampoco se consultó de la eutanasia a los médicos. Puede que los ministros parezcan soberbios, pero son soberbios que van a toda pastilla, aunque la pastilla sea la de despedida, cierre y baja en el Registro Civil.

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