Pablo Iglesias, apóstol del pueblo

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Anda agitado el gallinero con ese ayatolá de gentiles, Pablo Iglesias, que, desde la estructura 15-M de acampados en Sol, garantiza los paraísos perdidos a todos. Populismo, cínica sabiduría, promesas que jamás podrán cumplirse. Ahí van algunas muestras: deuda ilegítima, cargarse la Constitución y de paso la Monarquía, derecho a decidir, anticlericalismo, nacionalizaciones exprés, fin de políticas antiterroristas, aborto libre, antitaurinismo, rechazo a la OTAN, inmigración sin límites, favorecer a los okupas... y la más relevante y primordial: renta básica a todos los ciudadanos por el hecho de serlo. ¿Y cómo financiamos tales demandas? Porque una cosa es predicar y otra dar trigo.
La gente está alarmada con el nuevo cometa Haley y su estela de coaliciones extremistas. Yo creo que no es para tanto. Recuerdan a comunistas, nazis y fascistas que se quedaron en el Rubicón. Con Pablo Iglesias ha nacido un líder twitero, carismático y con chequera de lengua para atender las necesidades. Pero está muy lejos de su objetivo conforme tenga que designar “sátrapas” a nivel nacional y local. Entonces el triunfador de coletas juveniles desaparecerá y quedará la frase que remedamos de Chesterton: Clásico es un político del que se puede hablar sin haberlo oído ni comprendido.
Muchos interpretaron el tirón de orejas a los dos grandes partidos como oportunidad para implantar el mundo feliz de Huxley. Así extrapolan los resultados europeos a las elecciones generales con seguidismo al discurso nihilista de Podemos –un tipo que denomina “perros de presa”, “parásitos” y “patriotas del dinero” a millones de españoles que no piensan como él– para construir un Frente Popular, escuchando “Scheherezade” de Rimsky-Korsakov y vistiéndose de Aladino para gobernar el país como nuevo apóstol del mundo gentil...

Pablo Iglesias, apóstol del pueblo