El alcalde en la luz y el alcalde en la sombra bordean el ridículo

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LOS estudiosos de la conducta humana que pasaron por la universidad se apuran a comprar cuando van a abrir consulta una alcayata para colgar el título que avala sus supuestos conocimientos y un diván para que se tumben quienes van a ser analizados. A quienes son autodidactas en esas cuestiones le vale con un taburete en el bar de la esquina y la mirada con la que escrutan a los demás para determinar si son listos o tienden a parvos. Unos y otros, los estudiados y los intuitivos, lo hubiesen tenido ayer muy difícil para concluir si Xulio Ferreiro, el Varoufakis de A Gaiteira, y Iago Martínez, el Rasputín de Teis, son tan poco espabilados que piensan que están rodeados de tontos o le echan tanto morro que les da igual cómo sean quienes les rodean. Pretender que el pleno aprobase las alegaciones de la Marea, nasía pa’ganá, a los Orzamentos de la Xunta simplemente para evitar que las presentase en el Parlamento el exjuez y virtuoso de la gaita y la zanfoña Luís Villares, porque están cabreados con él, es tan ridículo como que ellos dos tengan la última palabra sobre el presente de A Coruña. FOTO: ferreiro y martínez, muertos de risa por maría pita adiante | aec

El alcalde en la luz y el alcalde en la sombra bordean el ridículo