Numeros y letras

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nos anuncian que los buitres rondan alrededor para llevarse a buen precio los despojos que nos deja la crisis producida por el maldito virus. El sálvese quien pueda dejará detrás a los de siempre y, ya hay cifras elocuentes. Y está la maldita memoria. Hace años se vendieron las joyas de la corona. 
En la crisis del 2008 la “pandemia” atacó de forma irregular. Los ricos se hicieron más ricos y la lista de los pobres creció de forma espectacular y degradante para la cuarta economía de Europa. Hay estudios que aseguran que para más inri, a eso se unió otra plaga: Gurtel, Púnica, Lezo, etc., con un coste de más ochocientos millones de euros.
Y nos llegan los peores números, las cifras más tremendas, con datos escalofriantes: las colas del hambre se han multiplicado. La Cruz Roja, en Madrid, viene a confirmar que de repartir cuatrocientas comidas diarias pasaron a más de tres mil. Añaden cifras similares otras organizaciones como Cáritas y no se tienen datos de la solidaridad ciudadana que a través de asociaciones de vecinos o del esfuerzo particular, intentan mitigar el hambre, el desconsuelo. No podemos obviar el esfuerzo de las administraciones. Pero hace falta más. Y es que debemos responder a una pregunta que etos días volverá al primer plano de la realidad ¿cómo se paga esto? Parece claro que quienes más tienen deben colaborar más. No hace falta añadir que desde las autoridades las ayudas tienen que ir a los más necesitados.Parece indiscutible que los nuevos presupuestos tienen que dar respuesta a todas estas demandas. Ya conocemos las primeras cifras –y también nos informan de la letra que acompañará a estos números – que pueden discutirse pero no ignorarse. Debe quedar claro que el dinero de Europa tiene que destinarse de modo preferente a superar la crisis sanitaria y social. Que hace falta una administración competente –por ejemplo mejorar la distribución de ayudas del salario mínimo vital – y al mismo tiempo transparente. Ahí es donde tienen que estar partidos e instituciones. Y es que según repican desde internet “si anteponen lo que les interesa a lo que importa, es que no les importamos” . 
Hablemos de la reputación –el señor Feijóo viene declarando que el estado de alarma es un error “reputacional”–. Pues bien hace más daño a nuestra reputación  la fuga del emérito, la corrupción, las colas del hambre y el aumento de la extrema derecha.

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