Trabalenguas urbano

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Seguimos en las mismas. Tanta repetición vuelve tópicas a las conductas privándolas de sorpresas inesperadas. Un trabalenguas de decisiones locales que rompen con la administración pública que venía a superarse con la llegada de la Marea al palacio de María Pita. Todo continúa peor y sin ánimo de enmienda. Ahora ya puedo recitar con levísimas variantes lo aprendido en la niñez. “La Marina está enlosada/ ¿Quién la desenlosará?/ El enlosador que la desenlosare/ buen enlosador será”. Ha tocado vez a nuestro salón urbano principal; sin embargo, por motivos internos, externos y mediopensionistas, se cierne una suerte de maldición sobre La Coruña que le impide dar un paso adelante. Todo es confuso. Caótico. Jamás vimos a un Ayuntamiento actuar tan sistemáticamente en contra de los intereses que representa y para que fue elegido. Todo les huele mal. No mueven el culo. Ni siquiera se preocupan de consensuar con la oposición ayudas económicas de la Unión Europea.
Sus decisiones ejecutivas están mediatizadas por la pleamar y la bajamar. Mucho rebautizarse Marea, pero, ante su inoperancia matonil, el pueblo los identifica con los versos de Bécquer, concretamente la rima XLI en la edición de Rafael Montesinos: “Tú eras el Océano y yo la enhiesta/ roca que firme aguarda su vaivén:/ ¡Tenías que romperte o arrancarme!.../ No pudo ser!”. El antagonismo radical lo sufren los vecinos. Ocho meses después de su apertura es necesario reparar urgentemente la calzada de la Marina destinada para uso de peatones y no de vehículos a quienes está destinado el túnel del Parrote. Unos por otros la casa sin barrer. Diálogos de besugos. No hay peor sordo que quien no quiere oír… Al final los trabalenguas se cumplen. Venían a darnos felicidad. Nos dieron recortes y subida de impuestos. Mismos perros con distintos collares. A chupar del presupuesto. En un plato de impuestos comía un tigre, dos tigres, tres tigres

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