AGUAS MENORES

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Uno está harto de ver como los perros hacen sus necesidades por la calle, obligando a sus dueños, por lo menos a los más educados, a recoger los excrementos. No ocurre lo mismo con los meaos que las alegres mascotas van diseminando por paredes y farolas o para que sirvan de abono y riego complementario en los jardines. Tampoco es infrecuente que algunos papás, quien no se ha visto obligado alguna vez, tengan que poner a hacer pipí a sus criaturas. Una urgencia es una urgencia. Recuerdo cuando había carteles por la calle que prohibían hacer aguas menores y mayores, no sé si era una forma de represión mingitoria o por razones higiénicas.
Como las necesidades humanas son muchas y las urgencias inevitables, eso de prohibir que la gente haga sus necesidades por la calle no se arregla con cuatro cartelitos. Dentro todavía de mis recuerdos, el asunto no mejoró sino que fue empeorando. Gracias entre otras cosas a la movida y a las borracheras nocturnas, nuestras calles, plazas y portales se vieron invadidos por los olorosos manantiales de todo aquel que, habiendo cogido la correspondiente cogorza, se veía en la necesidad de aliviarse. De poco sirven los urinarios públicos, escasos y poco higiénicos; los borrachos nunca los encuentran.
No deja de haber casos particulares dignos de memoria. Recuerdo cómo durante una macrofiesta, en los aledaños del evento, unos cacos se proponían robar en el interior de un coche. Aposentados cerca del vehículo, esperaban el momento oportuno para forzarlo. Poco antes de iniciar la operación, uno de los mangantes se puso a orinar en un rincónTuvo una urgencia y no lo pudo evitar. Desde el lugar en que nos encontrábamos, otros y yo pudimos observar lo que ocurría, alguien llamó a la Policía, llegaron dos agentes, uno decidió dar una vuelta para ver si todavía podía localizar a los ladrones, mientras el otro se quedó en el lugar de los hechos. Este último, al cabo de un rato de espera, para sorpresa de todos ¡se fue a echar la correspondiente meadita en el mismo sitio que el ladrón! Y es que las necesidades afectan por igual a polis y rateros.
En mi ciudad había un señor muy mayor, con quien coincidía de camino al trabajo, que al pasar por una zona ajardinada siempre regaba la misma planta, ha debido pasarle algo, porque era súperpuntual y últimamente no lo veo. Hay quien en plena juerga mea en una botella y otros echan concursos de longitud, como los chavales en la infancia. Pero lo último es que una de las nuevas “celebridades” políticas se espatarre en público para demostrarnos lo bien que mea y lo liberal que es. Personalmente no dejo de opinar que se trata de una guarrería, allá ella.

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