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Después de contaros, queridos lectores, la auténtica versión del cuento de la lechera vamos hoy con otro bonito relato, que titulamos “Mariano, su panda y el dragón….” Hay, como sabéis, una versión en vídeo que ya circula con gran éxito de risas por Internet y que firma la prestigiosa productora popular y que empieza, no con las islas Cíes, como las películas de Suecia Film, sino con unas amenazantes gaviotas. Vamos a ello.

Empieza el vídeo con una serie de señoras y señores haciendo profesión de fe hacia Cataluña y su dragón… con líricas, emocionadas y ¿graciosas? anécdotas sobre su profundo amor a la víctima de San Jorge: el dragón.

Mariano confiesa: soy gallego, pero mis hijos son de ahí. Tengo dinero en el Sabadell (bueno y en más sitios, pero al que más quiero está ahí). Me gusta Cataluña, pues “hace cosas” y son muy emprendedores. Me gusta Messi y soy del Barça, del Madrid, del Celta, también del Depor, del Pontevedra y el Compostela. Tengo propiedades en Pontevedra, Madrid, Sanxenxo, Santa Pola y voy a comprar Pedralbes. Me gusta el pan con tomate, que es mucho mejor para la piel que el lacón con grelos.

Como se dijo en “El Intermedio”, el vídeo consigue que todo el mundo se acuerde de cuando Aznar, para hablar catalán con Puyol, mandó a Vidal-Quadras al Parlamento Europeo (este, en venganza, quiere mandar un general de la Guardia Civil a Cataluña) y él, Mariano, y su alegre pandilla de la gaviota, montaron una campaña contra el cava, una guerra contra el catalán y protagonizaron el papel de separadores ante tesis separatistas… Este cuento, queridos lectores, nadie sabe como acaba… Yo les cuento la realidad: Rajoy los quiere y ellos no quieren ni verle. Aquí es al contrario. Curioso ¿verdad?

Vamos con otro cuento: una versión libre de los guisantes que suben y como brotes verdes llegan hasta muy lejos.

De eso habla, de brotes verdes, de señales esperanzadoras, Fátima Báñez, a la sazón ministra de Empleo, que no de agricultura. Es un cuento, claro, y no se lo cree ni Feijóo, tal como declaró en la SER el otro día, después de que a él le desmontaran su cuento sobre cuentas y deuda histórica.

Pero Fátima no anuncia otro milagro. De su patrimonio que sube como los guisantes del cuento.