Que devuelvan lo robado

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En este apasionante comienzo del curso político llamó la atención en Compostela el comportamiento del “ladrón de fin de semana” que actúa en un edificio del barrio de Pontepedriña robando en el garaje del inmueble mochilas, útiles de fotografía, bicicletas, un descapotable y otros objetos que sustrae del interior de los coches. El misterioso caco pertenece a la categoría de los ladrones que don Dimas Camándula define en “El arte de robar” como “ladrones decentes que roban sin querer causar la ruina de nadie”, como demuestra el hecho de que pocos días después devuelve lo robado, aunque es verdad que causa perjuicios por lo que se lleva y por lo que destroza.
Es un ladrón atípico. Nada que ver con los Bárcenas, Pujoles, Urdangarin y Torres, Matas, Fabra, Millet, los comisionistas de la Gürtel, Pokemon, de los ERE, de los cursos de formación, y tantos otros que desde la impunidad de sus cargos políticos, sindicales o empresariales robaron dinero de todos mediante  múltiples formas de corrupción, sofisticadas unas y muy burdas otras.
Estos son los que don Dimas incluye en la categoría de ladrones “excepcionales, que roban con escándalo, valiéndose de la astucia y de la fuerza” y de la impunidad que les da el poder. Se sabe que robaron o defraudaron cantidades ingentes, no solo los fines de semana, sino todos los días de año y a lo largo de los muchos años que han permanecido en  cargos públicos al frente distintas instituciones y nunca devolvieron el dinero sustraído, como hace el modesto ladrón de Pontepedriña.
¿Deberían los corruptos seguir su “ejemplo” y devolver al menos parte de lo robado? Dijo el papa Francisco hace un par de meses que a los católicos que se adueñan de dinero público no les basta con el arrepentimiento para recuperar la paz de sus conciencias, tienen que devolver lo robado. Es la penitencia que la Iglesia impone ahora a los corruptos para poder ser absueltos, aun sabiendo que la moral católica es muy  comprensiva y acaba perdonando.    
Menos tolerante debería ser la ética civil. Por eso, desde la indignación e impotencia de ciudadanos cabe preguntar, ¿no debería la justicia exigir lo mismo a los condenados por corrupción hasta despojarlos de sus bienes para recuperar el botín?
“Que devuelvan lo robado”, es el clamor que se escucha en la calle ante tanta corrupción. Legislar para que eso ocurra es condición necesaria si quieren regenerar la vida pública. 

Que devuelvan lo robado