LOLA ESPAÑA, EN ARTE IMAGEN

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Con el poético título de la flor “No me olvides” (que ella pone en inglés Don’t forget me) Lola España (A Coruña) expone en la galería Arte Imagen y lo hace tiñendo sus obras del azul violáceo  de dicha flor, que es el color de los sueños, de la espiritualidad y de la lejanía;  de eso habla: de sueños o ensueños y lejanías, pero son estas las lejanías de la evocación, del recuerdo, de los paraísos perdidos que sólo es posible recobrar por medio de la imaginación. 
Así, sus cuadros parecen salidos de “Las mil y una noches” o de las travesías que realiza el alma por mares no hollados, donde hay islas coralinas y peces polícromos, y astros dorados que alumbran gemas, y tesoros vírgenes, y vuelan libremente las mariposas, y crecen frondosos árboles de la vida y las flores y los jardines se prodigan por doquier. 
Lola España  pinta, como Chagall, con un espíritu sin ataduras, sin reglas ni cartabones, sin lugares acotados, sin dimensiones prohibidas y ante su pincel se estrellan todos los manierismos y recetas de escuela, aunque es licenciada en Bellas Artes. Pinta, pues, como una verdadera artista,  dejando que cante el color, que vibre la materia y que el espacio  se convierta en mágico territorio de fantasía, en ámbito inocente, como si fuese el primer día de la creación. Hace mucho tiempo que no contemplábamos una obra tan gozosa, tan llena de encanto y de frescura  y de ese asombro ante la creación que sólo puede venir de un alma pura. Ella misma confiesa que busca transformar “...lo que es feo en bonito”  para “ crear un espacio en el que entren y compartan un proyecto de alegría y de respeto al ser humano, a los animales y a las plantas, con educación y felicidad...”.
No es manco su deseo, pues de similar intención se nutrieron los programas de todas las utopías, desde la “República” de Platón y “La ciudad del Sol” de Campanella o “La Utopía” de Thomas Moro, hasta “La isla” de Huxley. Pero ella le pone imagen, le pone paisajes que ascienden desde la tierra, o desde las aguas de fabulosos estanques, hasta el cielo, donde brilla incólume, fiel, un enorme sol de oro, cubierto de brillantes puntitos estelares y parece que se siente su cálida irradiación, su potente presencia. 
Y, bajo su benéfico resplandor el No me olvides se convierte en un mantra, en una dulce y jubilosa repetición de fe. Un planeta que tiene ese sol sólo puede ser un planeta bendito; para ese planeta entona ella tres aleluyas visuales, tres poemas de materia transformada y nos invita, de paso, a transformarnos, a ser transmisores de bondad y de belleza.

LOLA ESPAÑA, EN ARTE IMAGEN