Un consejo acertado hasta en la felicidad

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La galería de entrenadores vascos que se sentaron en el banquillo de Riazor en los últimos tiempos no está formada precisamente por miembros del Colegio Oficial de Humoristas. Pero, claro, a un entrenador se le contrata para preparar a un equipo, no para animar a los Tonechos a que se reagrupen y formen un trío. Irureta era un hombre feliz, pues tenía la mejor plantilla de España, pero no se le escapaba un chiste ni cuando iba a jugar a Sevilla. Lotina ya tuvo plantillas bastante peores y aún era más sieso. Garitano casi no dispuso de tiempo para demostrar su humor, pero los pocos meses que dirigió al equipo dejó entrever que no le sentaban bien las carcajadas. Natxo González tampoco se ha revelado como un tipo cómico; al revés, serio, serio, serio. Y no le gusta que se boten foguetes ni cuando el equipo se mete en los puestos de ascenso. “No nos volvamos locos, por favor”, ha sido su último consejo. Tendrá razón, pero hace tanto tiempo que el deportivismo carece de motivos para disfrutar...

Un consejo acertado hasta en la felicidad