La otra foto de Colón

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En el debate de la Sexta, emitido a cuarenta y ocho horas de que se abran las urnas en Cataluña, el candidato socialista, Salvador Illa, volvió a concitar los ataques del resto de candidatos. Ese empeño de convertirle en blanco todos los ataques no consigue otra cosa que confirmar su condición de caballo ganador en el recuento del domingo y la conciencia de perdedores mostrada por sus competidores electorales.


Esta vez no estuvo a la defensiva, como pareció en debates anteriores. Desde el principio se pudo advertir que no se limitaría a despejar balones. A las primeras de cambio ya acusó recibo: “Contra Illa vale todo, incluso la calumnia”. Pero luego recurrió al contraataque dialéctico. Buena táctica defensiva frente a las pedradas que unos y otros le iban lanzando. Todos parecían tener cuentas pendientes con él, la Vox y la Cup, la derecha y la izquierda, independentistas y no independentistas. Daba igual el tema. Desde su negativa a hacerse un test rápido en un debate anterior, cuyas razones ha explicado sobradamente, hasta su gestión de la pandemia como ministro de Sanidad, amén de la política de alianzas del PSC en Cataluña o el PSOE en el resto de España. Del acoso dialéctico también se sale con recursos expresivos. Y en este caso, Salvador Illa puso en circulación el de la “nueva foto de Colón”, en referencia al documento firmado por los partidos independentistas que sella el compromiso de no llegar a ningún acuerdo de gobierno con el PSC. Algo que recuerda, pero en sentido contrario la escenificación, en la plaza de Colón de Madrid, del frente de derechas contra el PSOE, cuando este se ofrecía a mantener procesos de diálogo y entendimiento con nacionalistas catalanes y vascos.


Así “la otra foto de Colon” vuelve a situar al candidato socialista entre los dos fuegos: los tirios de la derecha y los troyanos del independentismo. Una metáfora perfecta de la polarización de la política catalana que confiere todo el sentido a la doctrina del “reencuentro” pregonada en su campaña por Salvador Illa, como un intento de terminar con el enfrentamiento que volvió a hacerse presente en el debate televisado de este jueves. En algunos momentos el vuelo de puñales verbales hizo del debate un gallinero donde unos y otros se quitaban la palabra, mientras Illa ejercía de hombre tranquilo y guardaba silencio. Pero supo utilizar hábilmente sus turnos.


Además de devolver los golpes, aunque sin entrar a las provocaciones, se esforzó en dirigirse más a los catalanes que a los candidatos, con planes de vacunación contra la pandemia y proyectos de recuperación económica de una Cataluña que pide a gritos pasar página y hacer política de las cosas no de los sueños imposibles de una década perdida. 

La otra foto de Colón