Lo que puede pasar tras el 14-F

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La campaña electoral catalana ha sido bien extraña: presencia estelar de presos en los mítines, que la pandemia ha forzado que sean escasos y poco concurridos; ausencia de ‘calor electoral’ en las calles; presidentes de mesas designados que se retiraron a millares; un candidato, a quien las encuestas prohibidas dan como ganador, que ‘aterrizó’ bruscamente desde el Ministerio de Sanidad, tras asegurar el día anterior que el candidato sería otro... ha sido, para los que la hemos seguido desde una lejanía obligada, una campaña fría, irregular, en la que nadie sabe qué va a ocurrir tras la jornada electoral. Y resulta que puede ocurrir de todo, y no solo a escala catalana, sino también nacional. Incluso podría suceder que tuviesen que repetirse las elecciones, con lo que el surrealismo que domina la política catalana habría llegado a su expresión suprema.


Los vetos que han interpuesto los súbitamente amistados independentistas a cualquier pacto con el PSC de Salvador Illa, por un lado, y viceversa hacen que, en principio, y caso de que ambas partes cumplan sus promesas preelectorales, vaya a resultar casi imposible formar un Govern, al menos a tenor de lo que dicen las encuestas de último minuto: nadie tendrá una mayoría suficiente, ni siquiera, parece, las dos fuerzas principales independentistas aliadas. Si eso fuese así, no quedaría otro remedio que forzar una nueva convocatoria electoral, con lo que se añadirían al menos cuatro meses de nueva interinidad a la vida política catalana, como si los zarandeos a los que ya está sometida fuesen pocos.


Añádase a esto el terremoto que, según algunos, se avecina en los partidos políticos nacionales según cuál sea el resultado de las urnas este domingo en Cataluña. Comenzando por el patente resentimiento que se observa en el Gobierno, sector PSOE, ante la campaña desarrollada por Unidas Podemos en general y Pablo Iglesias muy en particular: el ‘socio minoritario’ del Gobierno central no ha escondido su apoyo a su propia candidata, Jessica Albiach, lo que es lógico, ni tampoco a Esquerra, su gran aliada en Madrid, lo que ya no es tan lógico; desde luego, el ninguneo desde UP al candidato oficial del ‘Gobierno Sánchez’, es decir Illa, ha sido total. En los cenáculos y mentideros de la Villa y Corte son muchos los que se preguntan hasta cuándo aguantará Pedro Sánchez este estado de cosas con el coligado que no iba a dejarle dormir. Y posiblemente sea cierto que ya le provoca insomnios.


El seísmo en los otros partidos constitucionalistas, singularmente en el PP, está cantado. Si, como indican los sondeos, Vox sobrepasa al PP en Cataluña, seguro que escucharemos muchas cosas, aunque ya se estén curando en salud en la sede de Génova hablando de las culpas del ‘efecto Bárcenas’. Y, claro, qué quiere que le diga del previsible batacazo de Ciudadanos, aquel partido cuya candidata Inés Arrimadas llegó a ganar unas elecciones autonómicas*antes de ‘huir’ a Madrid. Ahí, en ese mundillo PP-Ciudadanos tendrán que ocurrir ‘cosas’ a no muy largo plazo si realmente se quiere forjar una alternativa a quienes actualmente ocupan el poder.


Mucho hay que reflexionar, en suma, en una jornada, la de hoy, previa a otra, la del domingo, de la que me temo que, ni para los unos ni para los otros, van a salir demasiado buenas noticias. Aunque reconozco que, para mí, que no solo no soy independentista, sino ni siquiera catalán, amante de la unidad de España y admirador de una Cataluña ‘diferente’ pero dentro del Estado, la peor sería que, burlando los vaticinios demoscópicos, el secesionismo obtuviese la capacidad de formar Gobierno. Y entonces ¿qué?

Lo que puede pasar tras el 14-F