Pablo Iglesias se afianza en su personaje

Iglesias, en un mítin de En Comú Podem | ep
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Llegados a este punto, a Pablo Iglesias solo le queda seguir adelante con su estrategia de ganarse el corazón de los independentistas a base de ataques a la democracia española. Y no por que le vaya a funcionar y logre frenar la sangría de votantes en Cataluña o por que sea de tipo coherente defender sus ideas hasta las últimas consecuencias. Al líder de Podemos no le queda otra que no apearse del burro por que tiene que ser fiel a su papel de díscolo del Gobierno. Durante un tiempo era poco más que una especie de segundón agradecido que miraba con ojos tiernos a Pedro Sánchez mientras rumiaba en silencio la afrenta de ser vicepresidente cuarto, pero ahora es el azote del poder desde dentro. Qué intrépido. Empezó con los acuerdos de gobierno y el “no nos van a comprar” y ha seguido con la calidad democrática de España. Para defenderse de las críticas ha recurrido a esa fórmula incontestable en los enfados en el patio del colegio, que tiene más efecto cuando se dice con tonillo de adolescente repipi: “Las verdades duelen”.

Pablo Iglesias se afianza en su personaje