“Soy como una plastilina que el director tiene que moldear”

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El Ideal Gallego-2011-07-19-012-3e08e578marta ribera
protagonista en “CHICAGO”

Marta Ribera es como una pequeña masa de plastilina a la que un director moldea a su gusto, y de la nada sale una mujer que engaña, una especie de bombón dulce con relleno de licor que se llama Velma, en esta ocasión, para salir sonriendo por primera vez y decirle al musical: “Te quiero”.

entrevista de marta garcía márquez

L a actriz no pensó nunca que los trajes que vio a finales de los noventa sentada en una butaca de un teatro londinense serían los mismos que se enfundaría quince años más tarde para ser Velma, una chica de apariencia arrogante pero con corazoncito. Ella lo pescó con pinzas para entregárselo al público.

Porque tiene que ser muy mastuerzo el personaje para que Marta no lo haga.
—¿Cómo es el “Chicago” que se va a poder ver en el teatro Colón?
—Es el mismo espectáculo que lleva girando alrededor del mundo desde hace quince años y que ahora viene a España con los mismos directores, la misma escenografía y vestuario, pero con cantantes, actores y bailarines españoles. Es una seducción a todos los niveles. A nivel interpretativo, es una historia real contada por personas y, en definitiva, es un placer poder disfrutarlo. Yo lo vi hace quince años en Londres y me quedé enamorada.
—Supongo que una historia con fuerza y rebozada de canciones y bailes espectaculares es un bocado difícil de rechazar.
—Está tan bien hilado todo, las canciones son historias del guión que encajan perfectamente con las coreografías.
—¿Es el ritmo lo que la hace inmortal?
—Sí, y en cuanto a la escenografía, la orquesta se sitúa a un lado en un bandstand ofreciendo dos horas y veinte minutos de música, que es lo que dura el musical. Después se colocan algunas sillas para dar ambiente a las escenas del juzgado pero la fuerza está en las canciones y las coreografías.
—Hábleme de su personaje. ¿Cómo es Velma Kelly en la piel de Marta Ribera?
—Velma está en prisión y es la rival directa de Roxie. Tiene una personalidad dura, de una chica que puede parecer arrogante pero que tiene su corazoncito y una forma de luchar con la vida admirable. Es un personaje difícil de interpretar.
—¿Un reto, tal vez?
—Cada vez que tengo que interpretar a un personaje nuevo, es un reto.
—Sorprende al público por su carácter camaleónico. Dulce por dentro y temperamental, al mismo tiempo.
—Sí, soy un poco así. Tengo mi pronto, porque lo tengo, pero encima del escenario. Allí es donde exploto lo que, en realidad, no soy en mi vida real. Aunque me dejo dirigir, también intento que se vea la ternura del personaje y, en este sentido, siempre me he caracterizado por la fuerza. Si me conoces en la vida real, no tengo nada que ver.
—¿Es su otro yo el que se sube al escenario?
—Sí, además de que soy muy alta y todo ese contraste se acentúa más en el escenario.
—Dicen que los abanicos son de plumas de avestruces y que cada uno pesa dos kilos.
—De avestruces australianas, en concreto, y cuestan una burrada. Yo no lo tengo que llevar pero las chicas sí y debe de ser duro bailar con eso. Menos mal que ellas están fuertes.
—Además, “Chicago” tiene mensaje. En el fondo, ridiculiza a los medios de comunicación y a la justicia. Temas que están de rabiosa actualidad.
—Son temas que se pueden trasladar perfectamente al momento que estamos viviendo porque también se habla de la libertad de la mujer en el mundo y de muchas cosas que están pasando ahora mismo.
—Parece que el musical es el único que sale victorioso en tiempos de crisis. ¿Por qué cree que está tan de moda y triunfa?
—Es muy cercano al público en general y la música en directo con el baile hace que les atraiga un poquito más porque el hecho de que se trabajen muchas disciplinas a la vez hace que verlo en directo sea un placer.
—¿Evita ver las versiones anteriores de “Chicago” o revisa todo el material antes de construir su propio personaje?
—Intento no ver espectáculos anteriores ni la peli. Simplemente me pongo en manos del director y dejo que él construya mi personaje. Soy como una plastilina que el director tiene que moldear. En este aspecto, depende mucho de cómo es la persona para que te lleve hacia el lado correcto. No se puede comparar a Ute Lemper con Catherine Zeta-Jones ni conmigo. Pero me pasó lo mismo en “West side history” con Rita Moreno y en “Cabaret” con Liza Minnelli. Las comparaciones son inútiles porque no tenemos nada que ver entre nosotras, ni el cine es lo mismo que el teatro.
—Después de poner un pie en la televisión, ¿con qué se queda? ¿Es el musical su género favorito, en el que es más Marta Ribera?
—Sí, yo soñaba con cantar y bailar de pequeña.
—¿Cómo se encuentra con las otras dos partes del trío, María Blanco y Manuel Rodríguez?
—Son actores, bailarines y cantantes fantásticos. Ya había trabajado con ellos hace años pero lo mismo digo del resto de profesionales del espectáculo, porque aunque nosotros somos la cabeza del cartel, sin los demás no somos nada. Es como una máquina. No funciona sin los otros.
—¿Puede decir que es uno de los mejores papeles que ha interpretado en el género del musical?
—A diferencia de otros personajes, este es el primero para el que no tengo que dramatizar. Tampoco lo hice en “Spamalot”, la comedia de los Monty Phyton, pero puedo decir que es la primera vez que salgo al escenario sonriendo.
—¿Y prefiere salir llorando?
—Yo soy muy dramática y sí que noto que, a veces, me falta un tema para llorar. Igual es como una válvula de escape, pero en “Chicago” lo saco por otro lado y resulta mejor acabar arriba y sonriendo. Además de que te cansas menos.

“Soy como una plastilina que el director tiene que moldear”