“Si me dejan, me gustaría retratar a la Marea Atlántica en la falla de este año”

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Estos días, el taller Romero Arte ha estado inmerso en una frenética actividad, poniendo a punto  la figura del Dios Momo que lucirá mañana en el centro de la ciudad y que está condenada a ser consumida por las llamas en las playa de San Amaro el Miércoles de Ceniza. La pequeña empresa familiar lleva haciéndola desde hace décadas, cuando su propietario, José Romero Cabarcos, decidió abandonar el mundo de la miniatura para centrarse en las esculturas a lo grande. Desde entonces la gran mayoría de las figuras que adornan la ciudad en eventos como el Salón del Cómic o la Navidad, han salido de su taller. 
“Ahora estoy jubilado, pero mi mujer sigue en el taller, se encarga de la pintura. Y mi sobrino también”, explica Romero, satisfecho de que la saga continúe. Él heredó el oficio de su padre y a los 17 años se dedicaba a grabar miniaturas en marfil, piedras preciosas y corales, pero un día quiso dar el salto y hacer las cosas a gran escala.  “Quería cambiar. Mi trabajo me obligaba a estar en un sitio pequeño, encerrado”, recuerda. Así que construyó una enorme figura de Papa Noel que adornó Cuatro Caminos y que causó sensación. 
Desde entonces, no ha parado de crear nueva figuras. “Trabajamos para particulares, pero sobre todo para ayuntamientos”, explica. Cada vez que se construye una figura nueva, se empieza pro el diseño. “Una de las cosas que hay que tener en cuenta es si se va a ver de lejos o de cerca, desde arriba, o a abajo... Y saber si se van a exponer a cubierto o no”. Las figuras se hacen con un montón de materiales, resina y poliester reforzado con fibra de vidrio. Se talla la forma, se hacen los moldes y luego se ensamblan. El Momo, por ejemplo, se tarda en elaborar entre veinte días o un mes pero como está destinado a la quema, se emplea madera y cartón. 

en familia
A veces hay problemas, pero en general está bien trabajar en familia. “Todos hacemos de todo, para cada uno tiene sus especialidades. Lo más problemático es decidir el diseño. Si se acepta, si llegamos a un acuerdo, comenzamos a trabajar”, aclara. 
Pero la falla es la favorita de Romero, que no le da ninguna pena quemar porque “está hecha para eso”. Lo que sí lamenta es tener que hacer con prisas: “Porque normalmente hay poco tiempo y muy poco presupuesto”. Resulta curioso que no se puede planificar como es debido la construcción de las fallas, dado que San Juan  siempre cae en la misma época del año, pero Romero asegura que es así: “siempre se piensa a última hora, y no se piensa que hay que fabricarla y es un monumento. Son como cuatro pisos de altura. Visto allí en la playa, sin edificios al lado, no parece tan grande, y en mi taller son tres o cuatro personas aunque la estructura se encarga una carpintería”.

mareados 
Durante muchos años el diseño fue libre, así que discutían mucho la temática, pero en los últimos dos años el Ayuntamiento suministraba los diseños. Y ahora no tenemos ni idea. “Cuando es libre es más divertido”, admite. Sobre que le gustaría retratar es lo que surgió en A Coruña este año: la Marea Atlántica. “No sé todavía cómo lo retrataría, unos personajes mareados. Algo así”, cavila el artista. 
Tras tantos años (y 38 años como profesor de técnicas escultóricas en la Escuela de Pablo Picaso) poco le queda por hacer a Romero. “Estoy jubilado, pero siempre estoy asesorando y cosas así. Aún me pica le gusanillo”, confiesa. Pero se plantea volver  sus orígenes, y realizar algunas miniaturas, y sobre todo, esculturas: “En cualquier material, madera o bronce. Estoy buscando el momento para hacerlo. Y creo que el momento es ahora, porque es lo que quise hacer siempre: el arte por el arte”. 

“Si me dejan, me gustaría retratar a la Marea Atlántica en la falla de este año”