La tradición ineludible aunque adaptable a un tiempo de prisas

Cada vez más coruñeses optan por uvas sin pepita javier alborés
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Como todos los años llegan las doce campanadas y, como todos los años, vienen aparejadas a sus doce uvas correspondientes. No hay una fruta que represente mejor la Navidad que esta aunque la piña y los melocotones en almíbar intenten hacerle la competencia. Porque se puede renunciar al cotillón en la discoteca de moda –este año son pocas las fiestas especiales– pero el racimo no puede faltar.
La prueba irrefutable de que son las grandes protagonistas de la jornada de hoy es que las fruterías de toda la ciudad no han parado de dar salida a kilos y kilos de racimos desde el pasado sábado. En las plazas de abastos lo notan especialmente dado que apenas hay cliente que se vaya sin sus uvas para entrar con buen pie –y quizá un atragantamiento leve– en el año 2014. “Van al mismo precio que el año pasado, a 2,20 euros el kilo”, comentaron ayer en Marixa Vexetais, en el mercado de Eusebio da Guarda.
En Frutas Ana vendían este producto procedente de las huertas españolas a 1,95 euros el kilo “porque la gente prefiere lo natural y las de bote no acaban de tener salida”.
“Son de la variedad aledo, que es más pequeña y más dura que la moscatel”, explicó la frutera, que indicó que son las típicas de estas fechas. Pese a ello, la tradición se va cargando de modernidad a través de las ya famosas uvas sin pepita llegadas de Perú, que andan sobre los 4,50 euros el kilo. En Marisa Vexetais notan que “cada vez las piden más así” porque prisas haberlas hailas aunque puedan provocar algún accidente con los apuros para llegar a tiempo a cada campanada.

La tradición ineludible aunque adaptable a un tiempo de prisas